
“Ocurrió un Fin de Año: me miró, abrió la boca y soltó una gracia y… yo no pude evitarlo y ¡me reí!, nadie más lo hizo. Bien mirado no había dicho nada tan gracioso, simplemente me resultó simpático ver el convencimiento que tenía de que lo iba a ser, y él, al descubrirme riéndole, esbozó una amplia sonrisa y ambos supimos al instante, sin decírnoslo, que entre nosotros había “chispa”.»
Desde entonces, siempre ha sido así: me mira, la suelta y me río, y él se queda encantado de ver que aún me hace gracia… qué bien nos ha ido ese toque de humor y complicidad todos estos años, tanto que Humor y Amor se ha convertido en el lema de nuestra familia.
Y siempre les digo a mis hijos: “encuentra a alguien que te haga son-reír, esa es la señal”. Tan convencida estoy de que la muestra más inequívoca de que congeniamos bien con el otro es ese “no sé porqué pero me hace gracia”, que si un día viniera alguno de nuestros hijos a casa con su pareja y viera que le ríe las gracias me quedaría muy tranquila, más que si me entero de que tiene una buena carrera o es de buena familia.
Cuando estamos con las parejas jóvenes con las que dialogamos, siempre me fijo en este detalle, para mí es un indicativo fiable de que les irá bien, no es el único, claro está, pero sí uno muy importante.
Durante el recorrido de nuestra vida, saber elegir una pareja adecuada es fundamental. Si bien solemos fijarnos en los más distintos a nosotros o complementarios, a la larga, las parejas más afines en educación, gustos y aficiones, las parejas a las que le hacen gracia el mismo tipo de situaciones y cosas, son las que más fácilmente congenian y perduran.
Para sobrellevar las aflicciones que la vida nos va trayendo, o, simplemente para dulcificar el sueño que pasamos tras el nacimiento y crianza de nuestros retoños, tener un poco de sentido del humor se convierte en una herramienta indispensable, en un bálsamo para tanto cambio de pañal y biberón o cólico nocturno. Una frase graciosa en medio de la contienda y de tanta zozobra, viene a ser como un osito de goma en plena hipoglucemia del embarazo: ¡mano de santo! Lo mismo ocurre durante la etapa de la adolescencia. Hay que entender que a estas etapas vitales de nuestros hijos se le irán sumando cuestiones laborales, o quizás de salud y otros sinsabores varios.
A las madres nos toca hacer malabarismos con todas estas “pelotas” que nos lanzan, cuando no es chicha es limoná, y cuando ya parece que tienes un tema resuelto se te abre una vía de agua en otro compartimento, un no parar, en esa multitarea divina y entusiasmante que nos “llena” el día.
A veces, y con una frecuencia mayor a la que inicialmente te esperarías, te entran ganas de desaparecer, de volatilizarte, y la verdad es que no lo haces… ¡porque no sabes!
Si en medio de este zafarrancho, tenemos un compañero que en el momento álgido de una crisis nos hace soltar una carcajada es como si nos pincharan el globo del estrés y nos desinfláramos de risa, una liberación de endorfinas que hace que podamos con ese tema y con los que nos esperan. El humor le da ligereza a nuestra relación de pareja, a nuestra familia y por ende a nuestra vida.
Muchas veces aunque las cosas son tal cual se presentan, según cómo las interpretemos, eso es lo que les dará el impacto final en nuestro estado de ánimo. Si nos ponemos los cristales de “ver gracioso” viviremos las mismas experiencias aunque con una sensación menos estresante e incluso divertida, como un gag.
No todo es filtrable por el sentido del humor, lo sé, se trata de minimizar lo que no es realmente importante y, sin embargo, se dedica a ocuparnos tanto espacio en nuestro atareado cerebro.
Cultivar el humor, practicarlo conscientemente, como si fuera una tabla de abdominales, para las que por cierto la risa va muy bien, debería de constar en nuestro planning de mejora personal, de pareja y de calidad de vida.
Pruébalo sólo hoy, intenta encontrarle “el punto” a las situaciones variopintas que te van sucediendo, si tienes niños pequeños suelen ser un montón, échale humor, y pásale el parte de ese modo que tú sabes a tu pareja y ríete con él o ella de lo ocurrido, y me cuentas.
“El paraíso en la Tierra existe porque hay gente que nos hace reír.” Daniel Rabinovich
El Humor y Amor son pareja, consigamos que nuestra relación se parezca a ella.
