
Somos pura química, tú, yo, tú y yo…
Yo que soy de ciencias, quedé fascinada por la importancia de un catalizador en su función de acelerar una reacción química.
No es que cambien la reacción ni el producto resultante, ni que se sumen a este, no, la reacción tiene lugar con o sin ellos y, sin embargo, el contacto con los elementos hace que aumente su velocidad para que alcancen más rápidamente su estado de equilibrio sin alterar las propiedades de dicho equilibrio ni consumirse durante el proceso. Además son eficaces en muy pequeñas cantidades y no favorecerán un proceso que no sea espontáneo.
Si alguien me preguntara qué se puede esperar de mi libro ¡Sé irresistible-mente feliz!, o sobre a qué aspiraría yo tras escribirlo, señalaría que la idea es que actúe como un catalizador entre el lector y la realidad de la vida. Cada uno de sus potenciales lectores alcanzaría la sabiduría igual, simplemente que su lectura le permitiría acelerar la velocidad de la adquisición de esa sabiduría indispensable para ser feliz. Ni más, ni tampoco menos.
Leerlo en la juventud, supondría asegurarse de que disponemos de las herramientas básicas para debatir con la vida antes de salir a ella, subir las escaleras del conocimiento de dos en dos, de forma más rápida y ágil. Llegar a la cima y disfrutar de una buena panorámica con más prontitud, con menos esfuerzo.
Alcanzar una cumbre en donde poder otear al potencial peligro y planificar una buena estrategia ante un posible ataque, o, simplemente, poder disfrutar de unas preciosas vistas.
Sé que gozar de una buena perspectiva en la vida supone una gran ventaja, una ayuda en la correcta elección de las mejores decisiones, tanto si ésta nos viene de cara como si vienen mal dadas.
Yo he conocido a personas que han actuado como un catalizador en mi vida, como un facilitador de relaciones, que me han ayudado a realizar las elecciones adecuadas en la buena dirección, que han agilizado el proceso para convertirme en una persona más feliz, y que lo han hecho sin apenas dejar rastro más que en mi corazón, sin querer figurar, simplemente estuvieron y me ayudaron a entrever un Nivel Superior al que todos aspiramos, al que todos queremos llegar y en el que queremos estar. Luego se marcharon y me dejaron con una calidez difícil de explicar, con el recuerdo de su sonrisa… sin más, en pequeñas cantidades, sin protagonismos.
Hoy siento que sus manos me han pasado el testigo de lo que para mí sería mi mejor y más deseado relevo: facilitar, acompañar y soltar al principio de su camino, a cada una de las persona con las que hablo, tal cual lo habría hecho por sí misma, pero con menos rodeos, con menos arañazos, con menos quiebros y daños…
Noto que al compartir mis experiencias, la gente con la que hablo «reacciona», se mueve, ve más claro hacia donde quiere ir, confía en llegar y se pone en marcha. Ver a estas personas levantarse decididas a retomar las riendas de su vida y a atreverse con ella, aunque el rumbo a veces aún no esté del todo claro, me produce una sensación muy placentera, de plenitud.
Descubrir nuestra mejor virtud y ponerla al servicio de los demás para ayudar a que cada uno alcance su excelencia personal, y puedan así, como en una cadena, servir también a los demás desde su nueva mejor versión, hace que cada uno pasemos a ser la pieza única e indispensable que mueve el engranaje de este mundo; el catalizador de la reacción química necesaria para llegar a nuestro estado de equilibrio, dándose la paradoja de que creyendo ayudar a los demás devenimos nosotros felices.
