
«Lo intuía desde hacia tiempo, de hecho, de alguna manera sabía con antelación lo que iba a suceder, vio aquella imagen, la luz del sol radiante reflejada en el mar haciendo un juego de espejos en el pantalán y, en ese preciso y precioso instante, experimentó, como nunca hasta entonces, que necesitaba luz … fue cuando tuvo la plena certeza de que aquella nebulosa difusa de su deseo de claridad y calor que hacia tanto tiempo que anhelaba, iba a transformarse, tras un periodo incierto, en un viaje vital hacia su ítaca natal. Capturó la imagen y la guardó como quien se agarra a un clavo ardiendo que le quemaba como un hierro incandescente el corazón. Nunca tanta belleza y tanto dolor se aunaron en una misma instantánea, nunca tanta penumbra trajo consigo tanta claridad, ni tanta oscuridad, profunda como un agujero negro, engendró tanta luz.»
A veces nos suceden cosas que no podemos evitar y tan solo nos queda la posibilidad de soportar las consecuencias de lo ocurrido. Dado que en en la mayoría de estas situaciones no está en nuestras manos, ni muchas veces es acertado, cambiar cómo nos sentimos interiormente, lo que sí podemos hacer es optar por cambiar lo externo, el entorno, de tal manera, que el cambio de paisaje nos ayude a desconectar de lo ocurrido o nos sumerja en una nueva realidad que eclipse parcialmente los recuerdos asociados al lugar, al clima, a las circunstancias del suceso acaecido. Es como si fuéramos actores de una película y, de repente, nos cambiaran el escenario, este nuevo decorado externo modificaría de manera importante el guión de los sentimientos asociados a la película que estamos rodando y viviendo.
Ya sé que San Ignacio aconsejaba: «En tiempo de desolación no hacer mudanza.» pero hay veces que o no nos queda más remedio que tomar decisiones o simplemente intuir que un cambio nos va a sentar bien.
Pruébalo, si te ocurre algo desafortunado, cambia de lugar, aunque solo sea un rato para salir a dar un paseo, verás como el simple hecho de cambiar el entorno mitiga cómo te sientes interiormente. O sé más radical y múdate, añade sol y luz a tu paisaje y aunque no cambie para nada lo sucedido ni lo que sientes tu ánimo te lo agradecerá. Nunca la lluvia mejoró un estado de ánimo y aunque es bueno llorar a mares, es mejor hacerlo interiormente o a plena luz del día al lado del mar que no disimuladamente entremezclando nuestras lágrimas con las gotas de un temporal.
#Luz
Libro: ¡Sé irresistible-mente feliz!
