
Se nos olvida que la Felicidad es una idea abstracta, que no es tangible.
Tanto andamos buscándola que no entendemos que no se halla ni se encuentra como quien encuentra un Tesoro. No se posee. Se experimenta sin tener mucho control sobre cuándo. Si aceptáramos que no la podemos controlar y simplemente nos dejáramos sorprender y disfrutáramos de ella cuando «le da la gana» de aparecer nos resultaría mucho más fácil tanto disfrutarla cuando aparece como no experimentar malestar cuando no la sentimos.
Tampoco entendemos que casi nada de lo que leamos nos hará «llegar» a ella. ¿Y entonces…?
Nos complicamos la existencia. Lo material es real, percibible por los sentidos, las ideas son una entelequia… la felicidad como idea es abstracta, no tiene sujeto.
¿Quiere esto decir que no podemos aspirar a ser felices? Realmente no. Podemos experimentar la felicidad de manera aleatoria sin saber cuándo y ya está, podremos sentirnos felices pero no serlo.
Que ¿querríamos tener como una «fábrica de felicidad» en nuestra mano? sí, pero no puede ser. La «trampa» del mundo occidental es hacernos creer que podemos llegar a «producirnos» felicidad como una idea «industrial» de la misma. Que está en nuestras manos hacernos felices y en nuestra mente, como un súperpoder, experimentar la felicidad. Y, lo peor, si no eres feliz es porque no te has «esforzado» lo suficiente para serlo, transmitiéndote de manera sutil la sensación de que la culpa es solo tuya.
Nuestro cerebro nos es útil para mantenernos con vida y para sobrevivir cuando está en riesgo nuestra existencia. Dejar en manos de nuestro cerebro la felicidad es una equivocación.
Nuestra mente, nuestra alma… son ideas igual que la felicidad y les ocurre lo mismo, son inaprensibles. No digo que no exista la mente o que no exista el alma o la felicidad, lo que digo es que no tenemos manera de controlarlas.
La felicidad se siente, punto, ya está. No depende tanto de las circunstancias externas. Nadie sabe realmente de qué depende aunque haya gente que nos intente dar fórmulas de la felicidad. Aún en el caso de que hubiera alguna, lo que podría servir para uno no sería útil para el otro.
Entender que la felicidad no está en nuestras manos es el punto de partida para disfrutarla más simplemente cuando la experimentamos y soltarla o dejarla ir con más facilidad cuando se nos escapa.
Si sabemos que: si nos sentimos desgraciados por tener unas circunstancias desfavorables eso va a hacer que sea más difícil experimentar con mayor asiduidad la sensación de felicidad, nos va a ayudar a relajarnos.
Deberíamos bajar el listón, la felicidad sería levantarnos y sabernos vivos, satisfacer nuestras necesidades básicas y agradecer que acabamos el día junto a los que queremos. Visto así, cualquier añadido extra podría «aumentar» o, mejor dicho, hacer que apareciera con mayor frecuencia, nuestra felicidad.
La autarquía emocional, la autonomía emocional, es decir, no depender de otros para ser feliz, debería ser enseñada y aprendida en las escuelas y en casa. Gustarse a sí mismo sin depender del criterio ni de la aprobación de los demás es un «must» que estaría dentro del abc de la felicidad.
Nos pasamos el día mejorándonos, insatisfechos con lo que llamamos nuestras debilidades, cuando en realidad es nuestra manera de ser.
Nos pasamos la vida, insatisfechos con nuestras circunstancias, intentando mejorarlas a costa de mucho sacrificio y de sacrificar a los demás negándoles nuestro tiempo y nuestra atención. Muchas veces partimos con desventaja para llegar a donde por justicia nos mereceríamos yéndosenos la salud en ese empeño.
Nos pasamos el día, la vida insatisfechos… creemos que no es justo, que tenemos derecho y caemos en las trampas o de la conmiseración o de la superación aún a costa de nosotros mismos, a costa de los demás, o lo que es peor, de aquellos a quienes queremos.
No está de moda conformarse, está visto como de pusilánimes, no sabemos aceptar y adaptarnos, tenemos que mejorar sí o sí aunque nos cueste nuestro bienestar.
Sin embargo yo creo que conformarse y aceptar que la felicidad no depende de nosotros es una manera de experimentarla con mayor alegría cuando se nos presenta y más fácil dejarla partir cuando se desvanece y se nos escapa entre nuestros dedos.
Cuando vengan circunstancias malas, que las habrá, nos pondremos en un estado que nos va a impedir experimentar la felicidad, eso no es bueno, pero tampoco malo, simplemente es así. Aceptar que hay circunstancias o épocas en las que es muy difícil experimentar felicidad nos ayudará a sobrellevar su carencia y nos permitirá disfrutar más de esos momentos inesperados en los que de algún modo la experimentamos sin esperarla.
La felicidad es un país independiente al que tú no perteneces como ciudadano.
Pues bien, mi consejo de la semana es: dale vueltas a la idea de que experimentar felicidad es como una ola, ves como se forma, viene hacia ti, existe, es real hasta que pasa y se diluye en el mar al que siempre perteneció. No está en tu mano que se forme, podrás disfrutarla si la coges y solo hasta que pase porque tampoco está en tu mano que no se diluya. Simplemente quedará como un Tesoro en tu recuerdo.
Y tú, tú eres como una surfera, estás atenta y a la espera, para divisar, reconocer y coger, si has entrenado bien, el pico de la mejor ola de felicidad cuando aparezca… ¡que la disfrutes!

2 Comments
Me ha encantado tu artículo sobre la felicidad. Ya tengo 50 y no me lo creo. Me está costando mucho aceptarlo….no llega a ser la “crisis de los 50” pero estoy en camino.
No sé si por culpa de las hormonas o porque se me ha “inflamado” el sistema límbico, desde que cumplí 50 soy pura emoción…. De repente soy muy consciente mis miedos, de mis amores, de mis alegrías, de mis angustias.
Cada día descubro algunas cosas que no me gustan mucho y que me cuesta aceptar (se me está cayendo la cara) y otras que sí me gustan mucho, el maravilloso regalo del tiempo del que ahora dispongo. Mis hijos (tengo 3) son más mayores, mi trabajo está más consolidado y estoy recuperando huecos en mi agenda. He vuelto a la universidad sólo para disfrutar, hago deporte e intento cuidar la alimentación.
A pesar de todo, a veces me puede el miedo, muchas veces no me gusto o estoy ansiosa. La búsqueda de la felicidad permanente es muy cansada.
Por eso te agradezco este artículo y tu blog lleno de vitalidad y entusiasmo.
Gracias!!!! ¡¡¡ Me apunto al plan para estar Fit a los 50!!!
¡Ana! ¡muchas gracias! ¡¡A vueltas con los 50 también!! tienen muchas cosas buenas que hay que ir descubriendo poco a poco, el resto de nuestra vida empieza ahora…
Y sí, ¡¡¡Apúntate al Club de Mujeres FIT a los 50, nos haces falta!!!