
Simplificando cómo vivimos las emociones podríamos decir que existen 3 tipos de personas:
1. aquellas a las que les «inunda» una emoción:

esta emoción principal colorea todo su ser, sin dejar lugar a que el resto de emociones se expresen.
Pongamos por ejemplo la tristeza. Suele tratarse de personas a las que normalmente esta emoción triste les impide disfrutar de otros pequeños destellos de felicidad que esconde la vida.
Aquellas que han recibido el mensaje subliminal de que no se puede estar triste y feliz a la vez, que es incompatible, que no solo hay que estar triste sino que además hay que aparentarlo, en el modo de vestir, en el tono de voz, en la falta de alegría… a estas personas les resulta muy difícil seguir desempeñando con normalidad las responsabilidades que tenían en otros campos de su vida.
2. aquellas que la emoción principal se combina con el resto de emociones internas a modo de «vasos comunicantes»:

estas personas saben combinar una emoción nueva con el resto de emociones y apaciguan el impacto que esta emoción nueva ejerce sobre su ser. En caso de un acontecimiento triste, muestran un estado anímico más bajo aunque no renuncian a disfrutar de otras emociones que la vida pueda presentarles.
No estarán y se les notará menos animadas porque necesitarán de un tiempo para recuperarse, el color azul se mezclará en parte con los otros colores, pero, serán capaces de seguir funcionando de una manera más o menos normal en las demás facetas de su vida.
3. aquellas que saben colocar cada emoción en un lugar distinto a modo de «compartimentos estancos«:

son aquellas personas que a pesar de que haya una emoción nueva, como en el ejemplo de la tristeza, saben estar alegres en otras situaciones distintas que requieren este estado de ánimo.
Es como si tuvieran compartimentos emocionales estancos. Como si disfrutaran de un «patio interior» al que salir a airearse antes de adentrarse en otra emoción distinta que requiere su atención.
El tubo con la emoción de la tristeza estaría más lleno, claro está, pero el frasco de la alegría seguiría igual de lleno que antes y mantendría su color amarillo preparado con todo su tono para cuando la ocasión lo requiriera.
Estas personas sorprenden porque a pesar de «la que les está cayendo» son capaces de seguir sonriendo y seguir con su vida aunque duela.
Está bien clasificarse «a priori» en el grupo al que creemos pertenecer, todos más o menos nos conocemos interiormente.
Ahora viene lo novedoso:
- ¿y si en realidad no pertenecemos a un grupo?
- ¿y si en realidad pudiéramos elegir a qué grupo queremos pertenecer?
- ¿y si con solo caer en la cuenta en cómo manejamos nuestras emociones pudiéramos obtener una versión más práctica para la vida de su manejo?
- ¿y si la gestión de nuestras emociones es en realidad aprendida y no intrínseca a nuestra persona?
Si somos conscientes de en qué grupo solemos estar y de que hay otras posibilidades de gestionar estas emociones, esto constituye el primer paso para lograr cambiar de grupo intentándolo repetidas veces a modo de ejercicio emocional personal y conseguir así ser emocionalmente más felices independientemente de las circunstancias que nos ocurran.
«Ríe siempre, ríe, que piensen que estás loco, pero nunca triste. Ríe aunque el mundo se te esté cayendo encima, continúa sonriendo. Hay personas que viven por tu sonrisa, y otras que rabiarán cuando comprendan que no han conseguido apagarla.» R. Benigni
