
No controlamos nada.
Segundo de los artículos sobre el conflicto Catalunya-España desde el punto de vista de la Felicidad. O cómo ser feliz a pesar de las circunstancias políticas en las que vivimos.
Porque estoy convencida de que las estrategias que nos ayudan a ser más felices se pueden y deben aplicar a los diferentes avatares que la vida nos va presentando, hoy voy a continuar con el segundo de los ocho artículos que tratan de aplicarlas a este tema, sin entrar en la cuestión política que lo originó, con la finalidad de que logremos mantener la felicidad en medio de tanta desazón.
8 estrategias que comentaré en 8 artículos distintos:
- La realidad y su falta de aceptación
- No controlamos nada
- Pensamiento binario: o conmigo o contra mí
- Mejor estar bien que querer tener razón
- Desear o no desear una nación, esa es la cuestión
- El placer de una nación propia o la evitación del sufrimiento de un conflicto: tú eliges
- La vida no es justa. ¿Por qué tan sólo uno de los políticos ha hecho una buena elección?
- Porqué un 40% es un tema político y un 60% es un problema de mala comunicación
2. No controlamos nada
Esta frase, que, a priori, podría parecernos desconcertante y no deseable, puede, bien entendida, convertirse en un mantra muy útil que actúe a nuestro favor.
Aunque nos han enseñado que no perder un “supuesto control” es deseable, lo cierto es que no controlamos nada. La vida sucede a pesar de nuestros esfuerzos por dirigirla.
No podemos hacer que la gente vote la opción que nosotros creemos que es más justa y mejor. Ni siquiera a los que son afines a mis convicciones les voy a poder exigir que actúen hasta donde y del modo que yo creo que deberían. Es una empresa agotadora por inalcanzable.
¿Por qué? con el tiempo me he dado cuenta que la única realidad a la que podemos intentar cambiar es a nosotros mismos, y aún así, a veces nos sorprendemos defraudándonos… pues bien, cuando las cosas dependen de más de uno, ya sean dos, o aún peor, entre 7 y/o 46 millones de habitantes como en estas circunstancias, intentar un cambio, pretender que se sumen tantas personas a la alternativa preferida por mí, es inverosímil, es hacer un brindis al sol.
Si bien, hay partidarios, detractores, equidistantes y escépticos de tal o cual opción, lo cierto es que cada uno de nosotros pensamos de manera personal sobre este tema. Pretender aunar a un conjunto más o menos similar en aras de obtener un supuesto beneficio común es difícil. Alto, no digo que no pueda ser deseable, sobretodo si estamos tratando temas de derechos humanos o de ética mínima que nos conciernen a todos, pero hay que reconocer que va a ser muy complicado poner a tanta gente de acuerdo en un tema tan importante con unas consecuencias difíciles de determinar.
Por tanto, si no tenemos control real sobre los demás, si nos damos cuenta de que realmente no tenemos control sobre casi nada… aceptarlo es la fórmula más sabia. De esta sana aceptación sobre que no controlamos nada ni a nadie se derivará un estado de relajación, de abandono a lo que vendrá.
Ojo, insisto, no quiere decir que no debamos intentarlo, los ideales están para soñarlos, a lo que me refiero es a que una vez hemos pensado globalmente en la idea que nos ilusiona, podremos actuar local y personalmente (por ej.: en este caso escoger votar al partido político más afín) y luego, acto seguido, deberíamos aprender a desconectar del tema, dejar hacer, respetar las distintas opciones de cada uno de los participantes y, por ende, relajarnos. Tomar una cierta distancia de los hechos para que no impidan a nuestra vida continuar sintiéndonos felices en nuestra cotidianidad.
No es fácil… es necesario.
Basar nuestra felicidad en un logro que depende de muchos es un error estratégico importante porque está fuera de nuestro control.
¿Te das cuenta de la energía inútil que gastas cuando no aceptas lo inevitable, lo que ya ha pasado o está pasando sin que tú puedas hacer nada para que no suceda?
Si logramos sacar de lo que pasa, no partido, sino un aprendizaje, nos resultaría menos difícil, y las cosas sucederían igual.
No controlamos nada. Las cosas suceden. Las cosas son.
¿Un posible consuelo?: “Todo cambia, nada permanece, lo único constante es el cambio”. Heráclito
#TodoalNegro entrada 2 de 8
