
No siempre podemos soltar… a veces quedamos atrapadas en una maraña de obligaciones, como una madeja que no puedes desenredar.
¿Cómo habré llegado a esto? La sociedad nos exige que aportemos, que nos impliquemos, que produzcamos. Somos educadas no sólo para ser iguales sino para superar el techo de cristal de nuestras madres.
Y así nos formamos, nos esforzamos, damos lo mejor de nosotras mismas y por el camino vamos viendo cómo nuestra vida pasa en paralelo, casi sin poder disfrutar de ella, de nuestra familia e hijos, de nuestras cosas.
Para cuando llega el momento de evaluar cuán felices nos hace esta senda y pensar que quizás se acercaba la hora de empezar a disfrutar de nosotras mismas y de los seres a quienes tanto queremos, nos damos cuenta de que ya no estamos a tiempo.
Es como un laberinto en el que nos metimos y ya no sabemos cómo ni por dónde salir.
Mientras paseábamos por él, hemos ido topándonos con varios cercos, perdiéndonos sucesivas veces, algunas nos han llevado con una sensación de impotencia a la extenuación y al llanto.
Nos hemos dado cuenta de que siempre hemos ido por detrás, que nos hemos puesto en segundo lugar, o peor aún, que por el camino nos hemos ido quedando solas porque ayudamos a los nuestros a encontrar la salida y ya no están. Sentimos que únicamente nuestras amigas nos entienden porque,, desafortunadamente ellas también se encuentran en el mismo laberinto, en una situación parecida, más o menos igual de difícil de desenredar que la nuestra.
Con el tiempo vemos que no sólo hemos caído en la trampa de la multiplicación de tareas y de la autoexigencia infinita, sino peor aún, que hemos replicado y educado a nuestras hijas de la misma manera… y para cuando queremos poner remedio, ya es tarde y no nos lo sabemos perdonar.
En un momento no preciso, nos desorientamos y nos quedamos atrapadas y por más que ahora lo intentamos estamos como en una tela de araña inmovilizadas sin poder escapar.
Si bien ya no sabes cómo salir de este laberinto aunque quisieras, yo hoy te aconsejo que pruebes a ser más egoísta, que te priorices, que sueltes todo el peso de la mochila que llevas, que no te exijas más, que dejes paso a las que entraron detrás, que intentes disfrutar del sol de la mañana que se cuela desde el cielo cada día, que disfrutes del verde del seto que te limita, y, sobretodo, que confíes y que corras hasta la esquina para descubrir con tu mirar que yo también estoy dentro, esperándote en el centro, dispuesta a encontrar la salida contigo.

3 Comments
Sobran más palabras ………..
Juntas la encontraremos te lo prometo .
Yo te estoy esperando dentro para salir contigo, querida amiga.
Sure! thanks a lot, I’m gland you like it, kind regards.