
Si hay una cosa por la que me gustaría ser recordada fuera del campo familiar, no es por mis conocimientos médicos ni por mis aportaciones o reflexiones, sino por las amistades que he ido cosechando a lo largo de mi vida.
Si escuchara a alguien no cosanguíneo hablar de mí en mi funeral y tuviera que ensalzarme en algún aspecto, como normalmente sucede en estos casos, me gustaría oír algo así como: “¡Y que buena amiga era!” y no porque considere que lo soy, aunque sí que reconozco que me esfuerzo mucho para llegar a serlo, sino porque ello daría cuenta de la gran suerte que he tenido de ir conociendo a tantas singulares personas con las que he ido atravesando diversos aspectos de mi vida: escuela, facultad, especialidad, veranos, viajes, colegios, Mediterráneo y Cantábrico. Mujeres con las que de una manera u otra, en un momento dado hemos coincidido y compartido vivencias, risas (sí porque yo con mis amigas me suelo reír mucho) aficiones y algún que otro disgusto no esperado ni deseado, lo que la vida nos ha ido trayendo, lo que la vida es.
Me gustaría en ese momento tener una visión de las allí reunidas para, de algún modo, fundirme con todas ellas en un profundo abrazo, para agradecerles tantas horas de confidencias y buenos ratos: tantas escapadas, las risas, las noches de fiesta, y ya, de más mayor, los paseos, las infusiones a media tarde, el gym, las tapa-cañas, y, sobretodo, su inestimable compañía en los momentos importantes de mi vida.
Agradecerles ese trajín de mis seres más queridos cuando lo he necesitado, su cercanía cuando las circunstancias lo han requerido, y esos ataques de risa impagables cuando los nervios y las sorpresas nos han sobrepasado.
Montones de anécdotas que no estaría de más que alguien contara alguna para quitarle peso a la tristeza de la pérdida y quedara la sonrisa del recuerdo.
Me gustaría que el funeral se convirtiera, como ocurre en algunos países extranjeros, sino en una celebración sí en una comida, o una reunión donde se contaran esos momentos inolvidables y tan divertidos que juntas hemos compartido.
Así que ya lo sabéis chicas, si me muero… cuando muera, vosotras que aún estáis a tiempo: ¡Montad mi última fiesta!
