
«Si algún día ya no estoy, cuando no esté,
tened presente cuánto os amé,
sentid como aún os amo.
latido a latido, en vuestro ánimo.»
¿Se puede ser feliz tras el fallecimiento de un ser querido?
No. No hay consuelo.
No al menos durante un tiempo.
Negar esta realidad, intentar ser feliz cuanto antes, no darse un espacio, no es una buena opción.
El duelo requiere su proceso, necesitamos purgar el dolor que produce y la tristeza que padecemos.
Nada volverá a ser igual, ya no hablaremos con la persona querida ni podremos besarla, acariciarla, mirarla aunque sí escribirle para nuestro sosiego.
La pérdida es irreparable y la incapacidad y frustración que sentimos por no poder cambiar la situación pesa como una losa.
Sentimos rabia y frustración a partes iguales, desasosiego, desánimo, impotencia, pero sobretodo tristeza.
Sabemos, a diferencia de una ruptura, que lo que sucede es irreversible, que no hay vuelta atrás, que la vida, o mejor dicho la no-vida se nos ha impuesto con toda su naturalidad y crudeza.
La pena y la rabia es aún mayor si el fallecimiento se debe a una enfermedad, si no tocaba por edad, si la persona a la que queríamos se dedicaba a ayudar a curar a niños con cáncer. La paradoja nos parece aún más injusta y cruel, inhumana.
Es aún más difícil si deja solo a su compañero de viaje y a unas hijas preciosas a punto de regalarle la belleza de la dedicación y el esfuerzo de haber sido una madre maravillosa. Unas hijas que de pequeñas te hacían decir en voz alta: «Soy la mamá más inteligente y la mejor mamá del mundo» y si no lo decías esa noche cenabas guisantes…
Queda un hueco cuando perdemos a quien tanto sentido común tenía y tan buenos consejos me daba sobre cómo educar a los niños.
No podría seguir hablando de felicidad y obviar que a todos nos ocurren desgracias, que hay situaciones, sucesos que hacen que no nos sintamos felices irremediablemente, que hoy no me siento feliz y que no voy a disgustarme ni a forzarme a nada por ello.
Sé que el tiempo aminorará esta sensación de pérdida, de vacío que se nos instala, de sinsentido por las cosas de la vida que normalmente nos ocupan y tontamente nos preocupan.
La vida no siempre es alegre y feliz, y cuando esto ocurre debemos aceptar que es así, que no está mal dejarse llevar por la pena, que, de alguna manera, nuestra tristeza es proporcional al cariño que le teníamos y tenemos a la persona que nos falta.
No, no siempre es posible estar y sentirse feliz, la vida nos lo enseña obstinadamente a medida que van pasando los años.
Saber canalizar este sufrimiento y pensar que lo podremos transformar en algo bonito hacia los demás, en honor de la persona que falta, es una manera de honrarla y quizás un consuelo.
Mientras tanto, para evitar este dolor insufrible podemos intentar centrarnos en las cosas buenas que nos suceden y sentirnos agradecidos por ellas porque nosotros aún tenemos la suerte de poder disfrutarlas: un día con sol, un paseo, la compañía de los amigos que no saben cómo apaciguar nuestra pena, nuestra pareja e hijos que necesitan ver que recuperamos la alegría para ellos recuperar la esperanza de que algún día, pase lo que pase, podremos juntos volver a ser felices y disfrutar de la vida que nos queda…
… aunque ahora nos parezca imposible porque ya no está ella.
A Carmen, con todo mi amor.

5 Comments
Como bien dices Sílvia .. ..no hay consuelo ….dicen que por más que muevas tu reloj de arena cada grano cae a su tiempo …paciencia …no hay que forzar … llega…
Carmen tenía las alas preparadas para volar pero los que nos quedamos nunca tenemos el corazón preparado para verles irse .
Desde el cielo os cuidará y estará muy orgullosa de su corta pero intensa vida al servicio de su familia y de sus pacientes está claro por tus palabras que deja huella y nadie se muere si no se le olvida y así será con Carmen
Un beso enorme para Pablo para ti Sílvia y felicidades por esta carta tan bonita y como no para su marido e hijas afortunados todos de haberla tenido .
Muchas gracias a ti Christofer… por ayudarme a subir encima de la nube, a apreciar el arcoiris cuando llueve!
W.P.
Mi Querida amiga:
Me emociona leer lo que has escrito. ¡Qué sabia eres! . Te admiro mucho.
Un fuerte abrazo
Muchas gracias a ti por estar, no sabes lo que consuela sentir de cerca el cariño de los que nos acompañáis llenando de amistad el vacío de amor que la persona querida nos ha dejado.
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