
«No importa que le cuentes a tu hijo que es un Patito Feo… siempre y cuando termine convirtiéndose en un Cisne Feliz.«
Tanto odio, tanto creerse mejor, más ético, más excelente
Cuántos desatinos, toda esa emoción mal canalizada, esa ausencia de razón
Ningún atisbo de sentido común o de practicidad
Despeñándonos cuesta abajo, sin saber que no vamos a poder volver a escalar ni llegar a la cima
Nada, sin posibilidad alguna de ladearse para no ser arrastrado por ese torrente de sinrazones
Desunidos, enfadados, marginados
Imposible regresar, ¿quién querría volver a una tierra con tanta confrontación?
¿Podrían llevarse la discordia y dejarme el paisaje, el Mediterráneo, la luz, las noches estrelladas, el olor a pino y a mar, para los que como yo anhelamos aquella tierra y quisiéramos volver pero no ya convivir con la gente extremada que habita en ella?
¿es que no hay una mayoría con un poco de sentido común? ¿tengo que creerme que la gente no tiene otras preocupaciones propias o comunes más importantes: el bienestar personal y familiar, la pobreza, la migración, la conservación del planeta… ?
Qué les hemos hecho a nuestros hijos: ¿radicales? ¿infelices por ansiar una quimera?
¿Nos creemos realmente que la persecución de ese ideal y lo que ha conllevado asociado a nivel civil va a hacer que nuestros hijos vivan mejor?
Si lo que más nos importa a los que somos padres, y creo no equivocarme, es el bienestar y la felicidad de nuestros hijos, ¿estamos dispuestos a sacrificarlos por un ideal que quizás puedan disfrutar generaciones futuras, no nosotros ni la generación de ellos?
Jaleando en las calles contra los de al lado en vez de estar formándose y conviviendo en armonía ¿es una buena opción?
Dicen que para que nuestros hijos aprendan no hay que sermonearles, hay que darles ejemplo. ¿Les estamos dando un buen ejemplo? ellos tiene 15-20-30 años, pero nosotros que ya estamos en los 40-50-60 ¿creemos que así les estamos educando bien? en la falta de aceptación, en ideales inalcanzables debido a las formas empleadas en lograrlos, en una frustración sin canalizar
Dejando de lado el fondo de la cuestión, ¿creemos sinceramente que esas formas son las que deben asimilar: a tomarse las cosas por su cuenta cuando no se las dan… a salir a la calle no ya a manifestarse sino como manera usual de pelear por aquello que les interesa?
No nos importa sacrificarnos por nuestros ideales, ¿pero es justo o conveniente que pongamos en juego la felicidad de nuestros hijos en aras de conseguirlos? ¿que no les demos una juventud en la que los retos sean el bien común, el acoger al distinto, el convivir entre desiguales?
Ese carácter nuestro, tan poco templado, tan apasionado… ese todo o nada, o conmigo o contra mí, mío o de nadie, yo mejor, yo superior…
ese ego colectivo, o con nosotros o contra nosotros, o nuestro o de nadie, nosotros mejores, nosotros superiores… permitidme decíroslo: ese carácter tan latino
¿Cuando recuperaremos ese espíritu olímpico de concordia que hizo de Barcelona una ciudad cosmopolita y la convirtió en un referente mundial?
¿de verdad estamos consiguiendo que hoy, ahora, en este preciso momento, nuestros hijos sean de verdad más felices?, no sus ideas ni su ideal colectivo no, ellos, cada uno: Laia, Iván, Anna, Pol, Nacho.…
si realmente creemos que es así, continuemos, si pensamos que quizás estamos sacrificando su felicidad en aras de una posible felicidad social futura entonces, sinceramente y con cariño, os he de decir que creo que habéis errado el rumbo.
Dejadles que ellos escojan sus ideales y por sí mismos, aquello por lo que quieren luchar, quizás si les diéramos la oportunidad de mostrarnos cuáles son y qué anhelos tienen, nos sorprenderían y estaríamos ante una sociedad más unida, más igualitaria, más fraterna…
y, quizás, si en vez de darles polvos de colores y de instruirles en el arte de la guerra, les diéramos un pincel, unas témperas y un lienzo en blanco, quizás entonces tendrían la oportunidad de pintar otro cuadro y nosotros de quedarnos impresionados al ver florecer su propio Arte para ser felices.
