
Me preguntan mis amigas más jóvenes por mis hijos, o más bien por cómo me he manejado yo con ellos, ¿cómo lo he hecho?, ¿de dónde he sacado información o el tiempo para educarlos?
Y yo les digo que no es fácil, que todo se andará, que una siembra y aquello brota, cuando su naturaleza quiere, pero brota.
Les digo siempre que los niños requieren dos cosas fundamentales: Amor (esto lo tenemos y damos todas) + Tiempo personalizado (no compartido con el resto de la familia, y de esto ya no disponemos tanto como nos gustaría).
Cada niño requiere su tiempo y su educación individualizada acorde a su carácter, a sus necesidades y manera de ser. Lo que aplicamos al primero no le sirve a la segunda y mucho menos al tercero.
Cada uno es un mundo por descubrir, por explorar, lleno de sorpresas generalmente buenas.
No me considero “una experta” aunque con los años me veo dando consejos, los que la vida y mis hijos me han ido enseñando.
Nunca entro a valorar cómo le va a mis amigas con sus hijos, yo ya tengo bastante con ocuparme de los míos, aunque sí las escucho con atención por si de paso yo también puedo aprender algo de su experiencia.
Es como un trasvase de información, como si las madres al sentarnos y hablar de nuestros hijos fuéramos vasos comunicantes.
Mis hijos también me enseñan a ser mejor madre, crezco con ellos y, a más hijos tengo y más años pasan, más recursos manejo.
Para tener una maternidad feliz o, mejor aún, para procurarles una infancia feliz a nuestros hijos yo diría que:
- No somos mujeres perfectas y, por tanto, es imposible que seamos “madres perfectas”, sobretodo porque aquí ya interviene otra persona, nuestro hijo, que también tiene algo que decir sobre ello
- sólo si somos madres felices podremos aspirar a tener hijos felices
- deberíamos ocuparnos de nuestros hijos en vez de preocuparnos (¡ja, aquí ya no quedamos ni una!)
- debería parecerse a la pesca del salmón: soltar hilo, recoger carrete, volver a soltar, vuelta a recoger…
- acertaremos y celebraremos con ellos
- nos equivocaremos y les pediremos perdón
- ha de haber respeto y amor
- no les vamos a poder impedir que sufran y eso… duele
- no les vamos a escoger ni las compañías, ni las amistades, ni las parejas, nos gusten o no
- siempre les vamos a dejar una puerta abierta, para cuando vuelvan del viaje de la adolescencia
- tendremos paciencia, lloraremos, esperaremos y retomaremos desde donde nos dejen hasta donde quieran
- las relaciones madre hij@ se mantienen porque las madres somos capaces de perdonarles incondicionalmente, porque «quien mucho amó, mucho perdonó»
- con los años nos agradecerán los desvelos, nuestra dedicación, nuestro cariño y perdón incondicional porque «a quien mucho se le perdonó, mucho amó«
- siempre nos parecerá que podríamos haber hecho más o mejor, pero nos quedará la satisfacción de que se lo dimos todo, todo lo bien que supimos, con toda nuestra alma y con todo nuestro amor
- y nos queda el consuelo de que si algún día llegan a ser madres-padres entonces será cuando se darán cuenta de todo el amor que les tenemos y de lo difícil que ha sido educarles
Estos años como madre, he ido aprendiendo y cambiando de rumbo. He pasado de educarles en el esfuerzo, a animarles a disfrutar del mundo y de la vida, por diferentes motivos, con resultados también distintos.
¿Con cuál de las dos enseñanzas me quedaría si volviera a empezar? probablemente con la segunda. Es arriesgada, académicamente puede no ser muy indicada, pero aún así… la vida me parece ahora, desde la perspectiva de mi edad, muy corta, o sea que la opción que más me convence es enseñarles a disfrutarla al máximo. La idea de que estudien y se esfuercen mucho ahora para poder disponer de una vida mejor más adelante me parece incierta. No sabemos si algún evento inesperado no deseado: una enfermedad, un accidente… puede arrebatarles ese futuro en el que depositamos su felicidad, yo prefiero que sean felices ahora y no arriesgar postergándola.
Si me pedís un solo consejo, yo os animaría a “sacarlos de la rueda académica”, y que les impulsarais a viajar y a conocer el mundo antes de que decidieran su carrera o futuro profesional. Aunque como esto puede ser un poco temerario, de momento, lo más aconsejable sería ajustarse al plan académico e intentar desarrollar en paralelo uno menos preestablecido y más “arriesgado”.
Moldeamos a nuestros hijos con la finalidad de que reciban una educación que les permita encontrar un trabajo con el que «ganarse la vida», en realidad, a ganar dinero para poder consumir y tener que seguir trabajando para poder pagar aquello que comprarán y así seguir moviendo la rueda económica. Quizás les preguntaremos por el precio que pagaron pero no por cuánto les costó realmente, cuántas horas de vida emplearon o malgastaron trabajando y se las quitaron así a sus parejas o hijos, a sus familiares y amigos, e incluso a sí mismos.
No les educamos para que se descubran interiormente, o para que dediquen su esfuerzo a algo que les gusta de modo natural si creemos que luego no les va a ser útil, o para que sean y sientan, para que descubran la belleza de la vida, o para que se den al mundo en todo su esplendor, para que aprendan a amar y a ser amados.
A las mujeres de mi generación nos educaron para estudiar con la finalidad de poder encontrar un trabajo que nos permitiera ser unas mujeres independientes económicamente, y nosotras quizás les eduquemos también así, de la única manera que sabemos, como nos enseñaron, sin ni siquiera plantearnos si eso es lo mejor y lo que también queremos para nuestros hijos.
Cabe recordar que los hijos no son nuestros, son de ellos mismos, y, a ellos les tocaría elegir. Claro que para poder elegir bien primero deberían de conocer muchas cosas que al principio no saben y por ello a veces realizarían elecciones que podríamos etiquetar de poco acertadas y convendría evitarlas porque algunas, desafortunadamente cuando ya tienen criterio crítico propio para darse cuenta, ya no tienen vuelta atrás.
Con el tiempo, uno de mis hijos me ha recordado que se puede uno esforzar mucho académicamente y a su vez pasárselo muy bien, que no es incompatible, y que en ese difícil término medio, de Aristóteles, está la virtud.
Los hijos juzgamos severamente a nuestros padres y generalmente les recriminamos lo que no nos han enseñado. No conozco a nadie que me haya contado que les recrimine un exceso de bagaje, aunque alguno habrá.
Yo os animo a que cuando tengáis hijos no los “programéis socialmente” para que estudien algo sólo con la finalidad de que luego puedan encontrar un trabajo con el que puedan comprarse una casa y así hipotecarse de por vida sin poder tener la libertad de cambiar porque no podrán permitírselo económicamente.
A que además de educarles académicamente, tal y como está estipulado, les abráis a la vez otro camino distinto, paralelo, incierto, sin una meta prefijada, más creativo, ajeno a la estructura económico-social establecida, un camino por el cual ellos transiten y se descubran en su plenitud, una senda alternativa, arriesgada, acorde a su manera de ser y a su inclinación natural.
Os animo a que viajéis con ellos de pequeños y, sobretodo, antes de “encerrarles” en el mundo de adultos, a que, cuando lleguen a la mayoría de edad, les animéis a estudiar en otro país, o a dar la vuelta al mundo si les apetece. Un viaje a realizar antes de decidir “qué quieren ser de mayores”, para que vean lo grande y variado que es el planeta y la de profesiones, oficios y colaboraciones que se pueden hacer. Quizás aprovechando ese periodo de tiempo tras bachiller en que han de decidir a qué se quieren dedicar y aún no lo saben, para que tengan más opciones o simplemente porque antes de entrar en la rutina laboral de los mayores sepan qué le está esperando ahí afuera y no se lo pierdan.
No sé qué me dirán mis hijos cuando sean más mayores, si les ha gustado este “doble grado» de vida, académico y aventurero. Lo que se hace por y con amor no debería de salir mal ni estar penado, y, en todo caso, si no les ha gustado y me he equivocado en su elección, tan sólo espero que me perdonen y recuerden aquello de “a quien mucho amó mucho se le perdonó”.

2 Comments
Mas que precioso….
¿lo ponemos en práctica a ver qué pasa?