
Tal día como hoy hace 5 años escribí un post con este título.
Como tengo la fortuna de seguir en esta década, un lustro más tarde, me animo a volver a escribir otro.
Desde el 2018 las cuestiones feministas se han vuelto más complejas y delicadas. Temas ya existentes como la violencia de género, la prostitución y otros nuevos como la ley del solo sí es sí, la ley trans y la ley de paridad han venido a posicionar y cuestionar quien es más feminista.
Mi hijo pequeño me pondría en contexto histórico: En marzo de 1857, en el marco de la Revolución industrial, las trabajadoras de una fábrica textil de Nueva York salieron a la calle a protestar en masa por las duras condiciones de trabajo. Y de ahí que se escogiera este día como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Hoy en día le hemos quitado el apellido y nos hemos quedado con el nombre de Día Internacional de la Mujer y, sin querer entrar en este cambio, sí que quiero hacer la reflexión de la importancia y del poder del lenguaje porque los comunistas dirían que el tema está mal enfocado y que no es una lucha de géneros sino una lucha de clases y que esta falta de visión sobre cual es el problema vertebrador de fondo hace que las lucha feminista se disgregue en facciones distintas que, aun no estando enfrentadas entre sí, debilitan al movimiento por no reivindicar los derechos en la misma dirección.
No quiero entrar en la parte política del asunto aunque sé que todo es política.
No puedo hablar de lo que es ser mujer porque cada una de nosotras lo vive y ha tenido una experiencia distinta. Sí puedo hablar de lo que para mí ha supuesto ser mujer. Puedo narrar mi experiencia personal sin miedo a equivocarme y respetando al máximo las distintas sensibilidades porque como mi hija me ha enseñado el salto generacional es inmenso y, si no quiero descabalgarme de la siguiente generación, tengo que hacer una esfuerzo hercúleo por intentar entender a las nuevas mujeres, por no juzgarlas, por callarme y escuchar las distintas sensibilidades, desde el respeto, desde la voluntad de no hacer un sesgo binario de o conmigo o contra mí, de en mi grupo feminista o en el de enfrente, que acaba con un yermo: yo soy más feminista que tú. Sí que pediría a la siguiente generación cuando nos escuche y lea que también nos ponga a nosotras y a nuestras palabras en contexto, que descarte el sesgo generacional porque aunque quizás las mujeres de mi generación no sonemos tan plurales sí que nos ha tocado pasarlo peor y pelear más duro con una minoría social, sin una masa crítica que nos apoyara.
A pesar de todo ello, sé, sin dudarlo, que si volviera a nacer escogería ser mujer.
Las mujeres, e incluyo en esta especial y bonita palabra, a todas las que nos sintamos así, en este escrito independientemente de mi bagaje médico, desde el respeto, desde la curiosidad, desde el querer entender todas las posturas y las sensibilidades. Las mujeres sumamos, es un distintivo nuestro, ponemos paz donde otros arman la guerra, somos seres acogedores por naturaleza, que no discriminamos porque sabemos muy bien, porque lo algunas lo hemos vivido en carne propia, lo difícil que en nuestro país, en nuestro sistema económico y social, lo difícil que resulta ser mujer. No nos dividamos, no nos peleemos.
Leo la definición de mujer en el diccionario de la Real Academia de la lengua española y ya no me satisface, tampoco la definición médica biológica de ser mujer, creo que ambas actualmente no reflejan la pluralidad ni la riqueza de quienes somos y nos sentimos mujeres. Ese nexo emocional indescriptible que creamos entre nosotras y que nos une a pesar de las diferencias y las dificultades en las que vivimos.
Y también es un día para la celebración. Nadie puede quitarme esa sensación tan bonita de haber tenido la fortuna de haber nacido mujer, de la experiencia maravillosa, casi milagrosa, de haber gestado 3 hijos, de la suerte y la belleza de haber disfrutado de un compañero de viaje con quien haber compartido la vivencia de ser madre, con todas sus alegrías y sus vicisitudes. Nadie me ha enseñado más que mis hijos, quienes me han destapado mi lado más humano, el de priorizarles, el de la generosidad, el del amor sin límites, el de la preocupación sin fronteras, el de las tristezas familiares compartidas.
A lo mejor, deberíamos hacer como en ética y converger en un término feminista de mínimos y no de máximos, e igual así lograríamos aunar nuestras almas en un bien superior por encima de nosotras mismas.
Hoy es un día para reivindicarnos ante la desigualdad histórica, social, política y económica que hemos sufrido como género. Reivindicamos nuestra autonomía, que no pertenecemos a varón, que somos seres libres, personas.
Hoy es un día para estar juntas, para ejercer la sororidad, para apoyarnos y sentirnos más fuertes por encima de diferencias y bandos. Hoy no toca pelearnos entre nosotras, aparquemos por un día la necesidad de tener razón.
Hoy es un día para reclamar unidas lo que nos pertenece y para celebrar lo que somos. Todas.
Hoy va por nosotras. ¡Feliz nuevo 8 de marzo de 2023!
