
10 cosas que he aprendido porque me las ha ido enseñando la vida:
- Yo soy como soy.
He llegado adonde he llegado por mis circunstancias, no hay vuelta atrás y tampoco vale la pena darle más vueltas. Puedo mejorar algunas cosas pero no cambiar. No negarme y aceptar mi manera de ser ha sido una manera de estar a gusto conmigo misma y de selección natural de los demás. No va a haber dos Sylvias nunca otra vez, para lo bueno y para lo malo, me relajo un poquito o me aguantáis un ratito.
- Decisiones.
Vale más la pena decantarse por el plano personal que por el profesional. Es mucho más importante la propia vida que la vida que la sociedad espera que cumplas. Solo yo me baremo, solo yo me apruebo, solo yo decido qué y quien es importante para mí.
A la hora de tomar decisiones las que he tomado con el corazón me han reportado más satisfacción que las que habría tomado con la razón sobretodo si eran excluyentes o me llevaban por caminos divergentes.
- Juventud.
De mayor creo que no debería haberme esforzado tanto de joven, ni haber estudiado tantas horas, creo que si volviera a nacer las emplearía en otras cosas. Sé que se necesita estudiar para obtener un modo de vivir, y también que la vocación es muy fuerte pero aún así. La duración de la vida no es ilimitada y deberíamos procurar disfrutar cada día, cada hora, al máximo o al menos procurar no estresarnos tanto con el estudio. Aprender, formarse, saber es estimulante; empollar, examinarse, sacar buenas notas solo es importante. Como canta Azúcar Moreno: «Solo se vive una vez» y hay que aprovecharla al máximo.
- Hijos.
Los hijos son lo más maravilloso que me ha pasado en esta vida, por sí mismos y como viva encarnación de su padre, son nuestro amor andando, una bendición, un regalo.
Veo que esta nueva actitud mía de no querer haber pasado tantas horas estudiando de joven tiene con mis hijos el peligro de sacarlos un poco del camino establecido socialmente que lleva a conseguir un trabajo y ganarse la vida, soy consciente de ello, pero aún así, no puedo pedirles que hagan algo en lo que yo ya no creo. La presión social para que se esfuercen y pasen muchas horas estudiando es muy alta, no son ajenos. La decisión final será de ellos, yo solo debo quererlos con toda mi alma, independientemente del caso que me hagan.
- Deporte.
Hacer deporte ha sido una de mis mejores inversiones de tiempo, me ayuda a sentirme bien, a pensar menos y a mantenerme más sana. Le voy a dedicar más tiempo. Deporte acorde con mi edad y a poder ser al aire libre, naturalmente.
- Pasear.
Pasear al lado del mar, sola, con mi pareja o con alguna amiga es una de mis experiencias más gratificantes, me serena. Si después del paseo encima hace bueno y me baño entonces me encuentro fresca y vital para el resto del día. Pasear constituye para mí mi meditación al estilo occidental.
- Escribir.
Adoro escribir, me encanta, me siento libre y con cosas que decir, me reconforta, es bien una necesidad, bien un placer, aún no lo tengo claro, lo que sí sé es que no puedo evitarlo ni dejar de hacerlo.
Con los años y mis últimas experiencias vitales he aprendido que cuando escribo, puedo hablar de mis cosas, de cómo me ha ido a mí, de cómo he procesado yo lo que me ha ido sucediendo en estos años de vida. Me he dado cuenta que sería pretencioso por mi parte intentar dar consejos a nadie cuando su manera de ser y sus circunstancias son distintas, no lo volveré a hacer, intentaré escribir en primera persona, quizás no suene tan atractivo pero es más auténtico, al menos quien lo lea leerá algo sincero y verdadero.
Ya no voy a intentar impresionar, no tenía tampoco porqué aunque pareciera que sí.
- Perdón.
PERDÓN con mayúsculas. Perdonar se ha convertido con el paso del tiempo en mi verbo revelación. Perdonar es como rebobinar, como un tippex que te permite enmendar un error, es una manera sana de reconciliarme conmigo misma y con los demás, una manera fácil de equivocarse y darse otra oportunidad. Perdonar es sinónimo de serenidad, la otra cara del amor. Para perdonar se necesita primero amar, solo a quien amas y a quien te ama puedes y te puede perdonar.
Aprender a perdonarme y a perdonar ha sido uno de los mayores logros de mi madurez.
- Muerte.
Me voy a morir, y a los que quiero también, y no sé cuando va a suceder y ya no hay vuelta atrás. He pasado de saberlo a ser plenamente consciente de ello. Así que he pensado que una vez visto el dolor y la tristeza tan grande que es que se te muera una persona a la que tanto amas, mi propósito es aprender a disfrutar al máximo de las personas que quiero y aún están conmigo. Esta es la única manera que encuentro de seguir dándole un sentido o de mantener la ilusión por la vida.
- Duelo.
El duelo no se supera, quizás con el tiempo el duelo se suavice, aún es pronto, no lo sé. Esto aún no lo he aprendido, me lo está enseñando la vida, es un experiencia en curso. Tampoco sé si una vez instalada en el proceso de duelo se puede volver a ser feliz, por ahora no me lo parece, tengo que averiguarlo por mí misma, me va a tomar un tiempo, lo noto, lo sé.
Libro: ¡Sé irresistible-mente feliz!
