
«Era la comidilla del lugar, todo el mundo en el pueblo comentaba lo sucedido, se había abierto un agujero profundo en la carretera de entrada a la población. Ocurrió de noche sin ninguna señal que pudiera predecir el hecho, amaneció y allí se encontraba esa grieta gigante que partía la carretera en dos. Nadie sabía exactamente cual había sido la causa pero tras la perplejidad inicial la gente empezó a dar ideas sobre cómo poder taparla. Se realizaron reuniones vecinales y se pusieron en marcha multitud de iniciativas: que si tirar cemento mezclado con arena, que si tierra con gravilla… pero ninguna solución era la definitiva, por más materiales que le echaran la grieta no cerraba, al fondo de la misma había un sifón de agua subterránea que arrastraba todo lo que le caía, y al final no quedó más remedio que llamar a un comité de expertos. Tras una larga y concienzuda evaluación, los ingenieros determinaron los materiales, la cantidad, la manera de llevar a cabo la obra y se quedaron varios meses allí, todo el tiempo que fue necesario hasta lograr cerrar la profunda grieta. La carretera se pavimentó y quedó bien, se podía transitar de nuevo por ella con normalidad, casi no se notaba nada, aunque los más antiguos del lugar eran capaces de señalar los márgenes de aquella enorme grieta que un día les aisló del resto de la humanidad,»
A veces se abren grietas en nuestras vidas que nadie parece saber arreglar por más empeño y cariño que la gente ponga. A veces las grietas son tan profundas que no hay material suficiente para rellenarlas. El río de agua interior producido por la tristeza lleva tanto caudal que nada ni nadie parece tener suficiente capacidad para repararlas. En esos momentos, tan solo una ayuda experta y profesional logrará, tras una concienzuda y larga evaluación, dar con los materiales necesarios para poder repararla. A veces debemos de dar paso a los que pueden ayudar de veras y dejar en sus manos que solucionen de la mejor manera posible el tema. Con el tiempo la grieta se cerrará aunque los más antiguos del lugar sean capaces de recordar cuándo sucedió y qué la causó y reseguir la cicatriz que la herida dejó.
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