
Todas las relaciones deberían ser como un nudo marinero.
Llegan las Navidades y, con ellas, las comidas familiares, de empresa y con amigos. A pocas personas conozco que se sientan realmente sueltas y a gusto en estas celebraciones.
Nuestras relaciones son lazos que entretejemos con nudos que vamos haciendo.
Hablaba ayer con una amiga navegante y me contaba que los nudos marineros tienen unas características especiales:
- su función es sujetar o sujetarse a un objeto
- no se han de deshacer por sí solos
- han de poder deshacerse rápido en caso de necesidad
La explicación que me daba de cómo hacer un buen nudo marinero era algo así:
«Dejas un poco de holgura, pones, pasas el cabo, «muerdes», asomas, das la vuelta, lo recoges, lo atraes, mantienes y tiras… «
y me añadía: «Ya sabes qué función tiene que cumplir un nudo marinero: que siempre queda azocado por el peso, por la tensión que recibe, pero en el momento en que tú lo quieras soltar sea muy fácil zafarse.»
«Para ello, alguien te ha de explicar como hacerlo y tú practicarlo muchas veces para que te salga de manera natural porque a veces hay que hacerlo deprisa dependiendo de la situación que tengas y esa es la soltura que hay que coger.»
Bueno, me pareció una explicación fascinante.
Yo no soy marinera, yo soy médico y de mi paso como alumna interna de traumatología aprendí a hacer nudos quirúrgicos, estos, a diferencia de los marineros tienen como características:
- su función es juntar planos
- no se han de poder soltar
- son asépticos
- quitarlos duele
Además no son tan naturales: ni los haces al aire libre en medio de la naturaleza y con el mar de fondo, ni con las manos desnudas, al contrario, necesitas mucha más preparación previa: un hospital, un lavado de manos aséptico, esterilización del campo y, en el caso de los de trauma, instrumental quirúrgico.
Yo siempre he creído que las profesiones, o a lo que nos dedicamos, imprimen carácter. Y, si nuestras relaciones son como nudos que vamos haciendo, las relaciones de una persona marinera son más naturales y sencillas que las de una médico y, encima, la marinera sabe como zafarse rápidamente de ellas cuando las circunstancias cambian, mientras que la médico no puede soltarlas sin provocar dolor.
Quizás este símil os parezca curioso aunque para mí ha sido muy revelador. He llegado a la certeza de que puedes tejer dos tipos de nudos con tus relaciones:
- nudos marineros
- nudos quirúrgicos
La primera opción, con diferencia, me parece mucho mejor. Yo te animo a que pruebes hacer nudos fáciles con tus relaciones, que enlacen y se pongan fuertes con la tensión del cariño, pero cuando cambien las circunstancias y llegue el momento de dejarlos ir puedas zafarte de ellos con soltura y naturalidad y soltar amarras.
Todos navegamos en un mar de relaciones, quizás, si lográramos atar así nuestros cabos sueltos resultaría que nos encontraríamos a buen resguardo en el puerto en el que acabamos de atracar para celebrar la Navidad… y yo, que sigo siendo médico, te diría que ¡tampoco se está nada mal en tierra firme!
¡Felices Fiestas Mariner@s!
