
¿Quién no anhela un poco de Silencio en su vida? y no me refiero a la simple ausencia de ruido, sino a ese Silencio con mayúsculas que todo lo llena y tranquiliza.
Parar, coger conciencia de una misma, permanecer íntegramente en el instante vital, sentir el momento presente soltando el pasado y sin preocupaciones futurizas, dan una idea de a qué Silencio queremos y necesitamos llegar.
Este Silencio que es de todos y para todos, sólo lo saben aprovechar unos pocos, muy pocos.
Es un Silencio reparador, sanador, una almohada para el alma la cual vaga incesantemente con nosotros adonde nuestras elucubraciones mentales le llevan sin tener tiempo para descansar.
Es nuestra alma presa del cerebro la que nos pide Silencio. Es nuestro Yo más profundo en busca de un oasis de reposo y paz espiritual que el día a día nos hace esquivos.
Este Silencio envolvente es el que nos aísla no solo del ruido sino de las preocupaciones y obligaciones diarias.
Cuando buscamos y encontramos un rato para estar en Silencio es como un aceite reparador que nos unge e hidrata el alma. Porque de otro modo, nuestra alma va de un lado a otro llevada por las obligaciones diarias, las idas y venidas impuestas por la agenda.
¿Cuánto tiempo dedicamos al día, a la semana, en todo el año a cuidar de nuestra alma?… no caemos en la cuenta de lo importante que es y de la falta que nos hace.
Este Silencio es un Silencio transcendental, no importa si eres creyente o laico, porque es inherente a todos y a cada uno en particular, nunca excluyente y no pertenece a nadie. Lo poseemos al nacer y nos acompañará hasta la muerte. Sólo el caer en la cuenta de que nos invade, de que nos llena, podrá activar los resortes de la utilidad reparadora espiritual que tiene.
No es fácil recrear el ambiente necesario para encontrarlo, he aquí algunos momentos que pueden reunir esas condiciones:
- lo más cercano al clima de Silencio deseado suele darse al caer la noche, cuando la casa está ya dormida
- Al alba: si meditamos a primera hora de la mañana o si contemplamos el amanecer
Durante el día es difícil encontrar un ambiente propicio aunque hay situaciones que se prestan:
- Si nadas lentamente en una piscina climatizada, al mantener la cabeza dentro del agua. la ausencia de ruido junto a la ingravidez corporal en el agua produce esa sensación de «flotar», de desconexión deseada. Yo creo que ocurre porque es lo más parecido al medio uterino en el que nos formamos
- cuando escuchamos el oleaje suave y rítmico del mar o del agua que baja por un riachuelo
- al contemplar el paisaje desde lo alto de una montaña
- y, si no le tienes miedo, a veces volar en avión y contemplar el paisaje produce una sensación de inmensidad difícil de igualar…
Y, por fin está el Silencio interior, profundo e infinito que se produce solo cuando tenemos armonía espiritual, el que se da cuando aceptamos, sin resistirnos, lo que nos ocurre, cuando nos sentimos en paz con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea… este, de todos, es para mí el Silencio más preciado, este requiere madurez, humildad, renuncias y sensación de Uno.
«El Silencio no es la ausencia de ruido sino la ausencia de ego». Xavier Melloni, s.j.

2 Comments
Gracias, Sylvia.
Estoy de acuerdo contigo. Al margen de los deportes de equipo, la natación siempre me gustó porque debajo del agua todo se ralentiza y el silencio te permite flotar… yo también relaciono esa sensación con estar en el vientre materno. Supongo que es lo más parecido que podemos recordar.
Y también esa paz cuando dejas de resistirte y aceptas que la vida es como es y no como tú quieres que sea. De pronto la tempestad se hace calma y tú espíritu fluye en paz como un pequeño río que se deja llevar.
Totalmente de acuerdo contigo… como casi siempre;-p
Muchas gracias Marta por compartirlo! yo he empezado a nadar hace poco y tengo que decir que hay un momento que «floto» y es una sensación muy relajante.
Y, como muy bien dices, no resistirse cuando no queda otra es lo que más aserena el espíritu, lo que calma el alma.
Ya sabes que yo también encuentro que es muy enriquecedor hablar contigo siempre que hemos tenido ocasión, un beso!