
¿Qué técnicas puede utilizar un Occidental para llegar a conseguir un Cerebro Zen?
Los Orientales meditan y se les enseña a ello desde que son pequeños, a veces a través de la concentración que requiere la realización de una arte marcial. Así, logran «estar presentes» bien en una kata, bien en la respiración. Logran cesar el ruido que generan los pensamientos circulares en el cerebro y enfocarse en lo que están haciendo… fluyen con la actividad que realizan.
A los Occidentales no se nos enseña a meditar de pequeños y por ello no sabemos. Sin embargo, sí somos capaces de apreciar lo que la meditación logra en nuestro cerebro y por este motivo no somos pocos los que nos lanzamos a «aprender a meditar«.
Ocurre que, normalmente nos apuntamos a yoga e intentamos dejar la mente en blanco, no sin pasar ciertas dificultades tanto posturales como de concentración. Aquí ocurre un primer corte, están:
- los que se enganchan y
- los que lo dejan porque no logran aclimatarse a la forma Oriental de meditar
Para estos últimos, propongo un estilo más Occidental:
- Dado que es difícil como Occidentales que logremos dejar «la mente en blanco» propongo algo menos drástico, sustituir los pensamientos circulares por un pensamiento escogido previamente que reemplace al pensamiento repetitivo cada vez que aparece. Es mucho más fácil y también hace su efecto.
- Pasear en un entorno natural. Pasear al aire libre por un bosque o cerca del mar viene a ser como un ansiolítico que calma los pensamientos repetitivos y nos nutre el cerebro. Y, el balanceo de brazos y piernas que realizamos al caminar pone en conexión ambos hemisferios cerebrales y pasamos de tener un pensamiento más crítico a uno más creativo.
- hacer deporte. Hacer deporte tiene la capacidad de desestresarnos, de, por cansancio, hacer que no pensemos tanto; por las endorfinas hacer que nos sintamos más felices; y por el «click» que provocan deportes como la natación lograr que nuestro cerebro genere ondas alfa y esté no solo más tranquilo sino también más creativo. Así, no es infrecuente que las mejores ideas se nos ocurran mientras hacemos deporte.
- reservar un horario determinado con un tiempo cronometrado para pensar en los problemas que nos agobian. Por ejemplo: de 9 a 9:15 de la mañana, pensar en lo que nos preocupa llegándonos a imaginar incluso lo peor que podría suceder y ver que, quizás, tampoco es para tanto, y así, el resto del día ya no incidir en ello obligándonos a «guardar los pensamientos que reaparezcan» para la mañana siguiente. Como buenos planificadores occidentales de agenda, que no de tiempo, que somos esto nos va a resultar fácil de hacer.
- otras en las que no caemos que nos ayudan a desconectar: mirar una imagen inspiradora, una obra de arte, contemplar un paisaje, escuchar música, leer un libro, estar en buena compañía…
Bien, estos son algunas de las maneras más acordes a nuestra educación Occidental que nos sirven para meditar. No hay que ser «purista» hay que ser práctico y escoger de estas la que a cada uno más nos convenga. No vamos a pasar un examen de meditación y nadie nos va a poner una nota o exigir un título… simplemente lograremos estar más en paz y a gusto con nosotros mismos y con quienes nos rodean.
Y por último, la más castiza:
- la Siesta. Sí cuando estamos cansados, una siesta es la mejor meditación que podemos hacer y además esta sí que sabemos hacerla y nos sale bien. Un cerebro cansado es un cerebro irritado. Una buena siesta debería ser uno de nuestros referentes de exportación junto con la paella.
«El sueño es la mejor meditación.» Dalai Lama
