
Cuando nos referimos a nuestro YO siempre parece que sea único y, no sé si este enfoque es del todo exacto o útil al menos desde un punto de vista práctico.
Lo cierto es que todos percibimos, sin darnos cuenta, que, cuando tenemos una experiencia vital, existe:
1- un YO que siente y se emociona con lo que nos sucede, el Yo experimentador, y
2- un YO que interpreta y se narra a sí mismo o a los demás, el hecho vivido, el Yo narrador
Mientras que el primero, el Yo experimentador, no tiene la capacidad de maniobra de sentir lo que siente y emocionarse como se emociona; el segundo, el Yo narrador, sí que tiene la capacidad de confeccionar un relato de lo que nos ha pasado y que nos servirá para gestionar cómo lo reviviremos, recordaremos o archivaremos.
¿Por qué creo que es importante tener en cuenta esta «dualidad» del Yo? pues porque si bien las circunstancias de la vida muchas veces no están en nuestras manos y no podemos hacer nada para cambiarlas ni podemos controlar cómo nos hacen sentir, sí que está en nuestras manos cómo «leer», «vestir», al hecho que nos ha acontecido y darle, según la historia que tejamos, un envoltorio que nos permita sobrellevar de una mejor manera aquellas vivencias que nos duelen emocionalmente o de celebrar aquellos éxitos que nos suceden.
Este Yo narrador es el que al contar el hecho en sí, se encarga de darle una forma que, aún sin que cambie el fondo, sirva bien de consuelo, bien de motivación, según sea el caso. Es el encargado de lograr que podamos revivir de distintas maneras el mismo acontecimiento según el relato que entorno a estos hechos construyamos.
Mientras que el fondo del Yo experimentador es inmutable y está fuera de nuestro control, la forma que le otorga el Yo narrador está totalmente bajo nuestro dominio, en nuestras manos.
No se trata de decir una cosa por otra, se trata de aprender a reescribir una historia para hacerla provechosa o menos dolorosa cuando un acontecimiento nos duele, o para hacerla más importante cuando celebramos un logro.
Aunque la importancia del relato que se asocia a un éxito es relativa, sí que es transcendental el papel de nuestro Yo narrador cuando de curarse de un hecho triste se trata. Así que, en caso de padecer algún contratiempo significativo hemos de ser conscientes de que tenemos esta valiosa herramienta en nuestras manos y utilizarla a nuestro favor, de tal manera que, cuando les narremos a los demás o nos relatemos a nosotros mismos lo que nos ha sucedido no sólo lo expongamos sino que además aprovechemos y aprendamos a curarnos con el relato que de ello formulemos.
«En pleno invierno he experimentado que dentro de mí existe un invencible verano.» Albert Camus
Existe algo poético en el relato personal, algo que dice más de alguien por el cómo lo narra que lo que de por sí narra.

2 Comments
Gracias Silvia!! Enfocare mi yo narrador mas positivamente… Lo bueno de las cosas… Casi todos los momentos lo tienen. Gracias por enfocarme
Es una herramienta muy útil, darnos cuenta de que la tenemos nos ayuda a reescribir y embellecer nuestra historia… a por ella!