
Dejarse ayudar debería de considerarse un acto de generosidad por parte de… quien recibe la ayuda.
Este es un principio básico que debería enseñarse.
A veces no nos dejamos ayudar… y nos equivocamos. Dejarse ayudar es un acto de cortesía hacia quien nos ofrece su ayuda. La gente que nos quiere se siente bien cuando nos ayuda de cualquier manera o, como cantaba Sinatra, a su manera.
Es más sencillo de lo que parece: estamos en un apuro, un amigo o familiar nos ofrece su ayuda, la tomamos, la agradecemos y los dos nos sentimos mejor, uno por notarse cuidado, el otro por poder cuidar.
Quizás la persona que nos ayuda no puede solucionar nuestro problema, generalmente es así, pero eso no es lo importante, lo importante es que una muestra de cariño suaviza cualquier aspereza que la vida nos produzca.
Hemos de entender que cada uno da según su forma de ser y entender. Hay un dicho popular que dice que para no perder amigos hay que saber lo que cada amigo puede darnos o, dándole la vuelta, no se debe de esperar de un amigo más de lo que puede ofrecernos si no queremos perderlo. Así que lo importante no es tanto qué tipo de ayuda nos ofrezca o que detalle tenga, sino el hecho en sí mismo de querer ayudarnos lo que le da su pleno valor al acto.
Ser humilde, empieza por reconocer que a veces necesitamos ayuda, de algún tipo, la que sea o se pueda. Hacer ver que no te hace falta ayuda por no pedir y evitar molestar es entendible, pero no aceptar ayuda cuando alguien te la ofrece desinteresadamente o como muestra de cariño es hacerle un feo innecesario.
Así que si quieres realmente ser una buena persona, déjate querer un poco, no por ti, sino por los que te quieren.
Y, si eres de los que vas a ayudar, déjame decirte que no te rompas los sesos porque no hace falta que sea una graaaan ayuda, se trata, simplemente, de que la persona que la necesita se sienta acompañada. Lo que hagas o no, no es tan importante, casi que da igual, con un detalle, tu detalle, basta. Así que lo mejor que puedes hacer este tener un gesto espontáneo, acorde a tu manera de ser y al tipo de relación y cercanía que tengas con aquella persona, sin más complicaciones. Se trata de fluir junto al otro de manera natural, no de dejar constancia de que te has esforzado para ayudar.
A veces ocurre que, entre dos personas que están reñidas, las situaciones difíciles sirven para derrumbar los muros de silencio que se habían construido entre ellas. En estos casos, ayudar o dejarse ayudar da pie a la oportunidad de volver a unir sus almas mediante el cariño que antes hubo y aún perdura como brasas ardientes escondido entre los rescoldos de la indiferencia y la distancia.
La vida está cargada de pequeños detalles maravillosos que nos sorprenden incluso en los momentos difíciles. Solo si tenemos entrenada la sensibilidad para poder captarlos y apreciarlos, seremos capaces de saborear la vida a pesar de que a veces pudiera parecer un infierno. Y, sorprendentemente, es justo en estas situaciones adversas en las que nos volvemos conscientes y podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que:
si el Diablo se esconde en los detalles… la Felicidad, también!
