
La palabra de tu vida
Una vez me propusieron como juego imaginarme y decir sin pensar la primera palabra que se me ocurriera y definiera lo que para mí es la vida y yo dije… “columpio”.
Sí, la vida para mí era como un columpio, me impulsaba e iba hacia delante, volaba alto, cogía espacio, y luego regresaba para coger más impulso y subir aún más alto. En el juego de ir y venir notaba mariposas en el estómago, esas cosquillas que se sienten al ir de un lado al otro al viajar, ese aire de las noticias frescas, esos sueños que imaginamos cuando cerramos los ojos y esa sonrisa que se nos despierta cuando empezamos a vivir.
Al principio me costó un poco aprender a columpiarme pero a medida que pasaban los años cada vez me columpiaba más y me salía mejor.
Del columpio me bajaba cuando a mí me apetecía, cuando decidía que ya había tenido bastante.
…
Ahora que soy más mayor noto que mi percepción de la vida ha cambiado y jugando al mismo juego la palabra que me ha salido ha sido… “péndulo”.
Tienen algo en común, es cierto, ese bamboleo, ese ir y venir, pero no son lo mismo.
El péndulo va de un lado a otro llevándote de los buenos a los malos momentos, de manera acompasada. Hay un momento que el péndulo pasa por el centro, por el equilibrio, por ese punto en el que nada malo y nada bueno sucede, pero es un momento efímero, casi imperceptible, del que apenas nos damos cuenta. Sí que somos capaces de percibir cómo se decanta hacia uno de los lados, estamos en una buena racha, todo viene de cara… y también cuando cambian las tornas y parece, como dice la expresión vulgar, que nos ha mirado un tuerto.
Nunca se queda mucho en un estado, luego regresa, vuelve e inevitablemente por nuestra parte, se va hacia el otro, con cadencia, lo queramos o no.
Mientras dura ese vaivén es buena señal, nos dice que aún tenemos tiempo, tiempo de vivir, de disfrutar, de sufrir pero también de amar.
En un momento dado, un día, que afortunadamente no sabemos con anterioridad cual es, se para, bien de manera autónoma, poco a poco, porque va cesando el impulso inicial que lo puso en marcha, y su movimiento cesa de manera armónica, suave, acompasada, o, al contrario, bruscamente porque algo externo lo ha parado.
Entre mi percepción de mi vida columpio y mi vida péndulo han pasado simplemente los años, se han sucedido las circunstancias y mías han sido según que decisiones aunque yo no recuerdo el momento exacto en que decidí bajarme del columpio ni cuando me puse a mirar con aprensión al péndulo. No soy consciente de ello, de cuándo pasé de ser la protagonista activa a la observadora pasiva, de estar colgada del árbol de la vida a que esta pendiera de un hilo.
…
Te propongo un juego
Esta semana te propongo este juego. Probablemente, aunque quizás con diferentes palabras tú también tengas un sustantivo para ti hoy. Ahora mismo te voy a pedir que dejes de leer este post, cierres los ojos, y digas rápido la primera palabra que defina a tu vida y te venga a la mente sin pensar…
¿Ya la tienes?, vale entonces hay dos posibilidades:
- si se te ha ocurrido una y es buena yo te invito a que te la repitas cada mañana, a que te acuerdes de ella para que no se te escape sin darte cuenta cuándo ni en qué momento la perdiste
- si tu palabra no es bonita, entonces te invito también a que te acuerdes de ella para que cuando las circunstancias cambien seas consciente de que puedes decirle adiós y empieces a disfrutar de una nueva que sea mejor
Una palabra que defina nuestra vida es muy útil para simplificarla y situarnos en la onda que su bonito mensaje nos da actuando de anclaje, o bien, para darnos cuenta de que estamos en una mala temporada y que esta habrá pasado cuando la podamos sustituir por otra mejor que nos indique que por fin ha llegado el momento de soltar amarras.
Con permiso de Gustavo Adolfo Bécquer:
Por una mirada, un mundo
por una sonrisa, un cielo
por una palabra bella… ¡yo no sé
que daría por una palabra bella…
mi vida entera por ella!
