
Hay veces que no salen las cosas.
Hay veces que no salen las cosas y lo intentas, lo intentas, lo intentas, lo sigues intentando y lo vuelves a intentar… por más que lo intentes…
¿hasta cuándo? ¿cuántas veces son suficientes, cuántas las justas, cuántas demasiadas?
¿qué pasa si no sale? no hace un par de años, ni el año pasado, ni este, ni anteayer, ni ayer, ni hoy… y quizás tampoco mañana, ¿qué pasa si no sale nunca y tú has estado insistiendo sin cejar, imaginando un imposible, un inalcanzable?
¿es bueno que siga? ¿debo parar? ¿o mejor continúo? ¿lo dejo? por Dios… es insufrible no saber cuándo es suficiente, cuánto es demasiado…
No hay meta, objetivo, sueño que resista un envite tras otro, tanta decepción, una ausencia de emoción, un nuevo fracaso…
Y entonces, ¿qué debo hacer realmente?…
Mi consejo de esta semana es que hagas lo que te dicte el corazón, lo que te salga del alma, que si estás convencida de que triunfarás y que tu sueño se hará realidad, que entonces no tiene nada de malo que sigas intentándolo una y mil veces más mientras te sustenten las fuerzas, y que al final dará un poco igual si no triunfas, quizás no a ti, que tanto soñaste con el éxito de tu proyecto, sino a aquellos que te quieren, a los que te han apoyado y a los pocos quizás que te han seguido y acompañado en tu sueño, porque han descubierto que detrás de tanto fracaso ha crecido una persona de mérito, que no habiendo conseguido tu fin, quizás tú hayas sido tu mejor meta, que no habiéndote llegado el anhelado reconocimiento, quizás te hayas ganado a ti misma y tú, sin pretenderlo, hayas sido tu mejor trofeo.
Tú no te ves desde donde yo te miro, si te vieras con mis ojos sabrías cuán lejos has llegado y cuán grande te has vuelto persiguiendo ese sueño inalcanzable… para mí tú eres tu mejor fracaso, tu mejor premio… ¡y el mío!
