
Lo que es lo mejor para ti es siempre lo que es mejor para cada uno de los que están a tu lado.
La mayoría de nosotros tendremos, más pronto o más tarde, que tomar unas 5 decisiones importantes en nuestra vida:
- estudios
- pareja
- hijos
- trabajo
- lugar de residencia
Todos las acabamos tomando, la cuestión es, cómo hacerlo para que sea más fácil, de forma más rápida y con los años sigamos convencidos de que fue la mejor decisión de todas las posibles.
Se trata de:
- hacer como los pensadores griegos: sal a pasear al aire libre por un lugar que te guste. Al pasear conectas el hemisferio cerebral izquierdo con el derecho y eso hace que no sólo estés razonando sino que también estés sintiendo, con lo cual, la «decisión eureka» que decidas será el resultado de la mejor combinación posible. Haz un monólogo en un entorno agradable, en medio de la naturaleza, es mucho más inspirador
- si eres de los que se aclara cuando escribe: haz un «tormenta de ideas«: quédate sol@, coge papel y lápiz, ponte una canción que te motive y siente qué quiere realmente tu ser, escúchate y escribe todo lo que se te ocurra sin miedo, nadie te ve. Cuando hayas acabado sal a pasear y a despejarte. Más tarde releerás y ordenarás esas ideas. Te sorprenderás de lo que puede llega a salir de tu interior
- cuenta tus dudas sobre las diversas opciones a las personas de más confianza sin pedirles su opinión de qué harían en tu lugar. Necesitas un «escuchador» o, mejor aún, un «preguntador» que no te aconseje y que con sus preguntas te ayude a averiguar qué quieres tú. Te irá bien porque algunos de nosotros sólo ordenamos nuestro cerebro y nuestras ideas cuando hablamos en voz alta, pero no pidas opinión ajena porque esta podría «contaminar» sin querer tu voluntad
- consulta a quienes hayan estudiado esa carrera, estén o no casados, tengan o no hijos, les guste su profesión, vivan en esa ciudad… o por el tema relacionado con la decisión que tengas que tomar, pero sólo a personas con sentido común y con la finalidad de recabar información importante que quizás tú no poseas. Deja que te hablen de su experiencia personal y ten en cuenta que es la de ellos y no tiene porqué ser la tuya
- piensa lo que a ti te gustaría de verdad, no a tus padres, ni a tu pareja, ni a tus hijos o amigos. Sé sincer@ contigo, no te traiciones, no te lo perdonarías
Si escuchas a tu corazón (y no a tu cerebro, tu cartera, tu prestigio, tu ego…) es más fácil, darás con la mejor de las decisiones. El corazón nos suele pedir a gritos desde la profundidad que le hagamos caso, déjale paso.
No se trata de nada más, si lo haces así no es tan complicado, incluso puede llegar a ser bonito tomar decisiones, porque producirán un cambio de rumbo en tu vida que puede resultar muy emocionante, incluso adictivo.
Una vez tomada la decisión ya está, no vuelvas más sobre el tema, cierra las carpetas de opciones y entrégate en cuerpo y alma a la decisión tomada para que funcione. Date un margen de tiempo: un curso, un año… para ver que en la práctica esta decisión te llena y quédate con la tranquilidad de pensar que si no es así puedes, en la mayoría de ocasiones, cambiarla, no pasa nada, no es el fin del mundo, quítate presión.
Aprende que hay cosas que descartarás cada vez que elijas, es así.
Y recuerda algo muy importante y es que tú no debes de tomar decisiones por los demás incluyendo aquí a tus hijos mayores.
Cada uno es libre y responsable de «acertar o equivocarse» a su manera, es la única forma de aprender, de sentirte feliz, así que no delegues, no te consolará nada echarle a otro la culpa más adelante, coge en tus manos tu futuro y…
¡Ábrele la puerta!
