
Mi caso sentó jurisprudencia.
Fue la primera sentencia en España que fallaba a favor de que una madre con reducción de jornada solicitara el turno de trabajo de mañana para poder coincidir en horario con sus hijos.
Gané el juicio y… a los dos años perdí mi trabajo. Y entonces entendí aquella maldición popular que reza: “¡juicios tengas y los ganes!”. Llevaba 9 años de adjunta en ese puesto de trabajo. Mi hijo mayor acababa de cumplir 4 años, mi hija pequeña tenía 2.
Si la discriminación salarial y laboral de las mujeres es un hecho, aún se complica más si eres madre. Cabe decir que en aquella época, que una médico pidiera reducción de jornada no estaba para nada bien considerado, parecía que ya no ibas a comprometerte con tu trabajo y te “aparcaban” con más o menos disimulo. Mientras tanto, la situación era: sueldo reducido con el que pagar a una persona para que me cuidara a mis hijos cuando en realidad era a mí a quien le apetecía estar con ellos, poder educarlos y disfrutarlos; y, mal ambiente laboral porque no hubo voluntad de que al ejercer este derecho se pusieran los medios que evitaran que repercutiera negativamente en mis compañeros.
Sé que realicé una elección que entonces no era acorde con lo que la sociedad en la que me había educado esperaba de mí, y, sin embargo, me fue relativamente fácil tomarla teniendo en cuenta mi historia personal y con plena consciencia de saber que era la que a mí me haría más feliz como así fue. Así que no sólo no lamento haberla tomado sino que me siento orgullosa a pesar de los inconvenientes profesionales y personales que conllevó.
No voy a dar las gracias por la experiencia, yo no quería perder mi trabajo, no se puede ni debe dar las gracias por una situación injusta. Sí puedo decir sin embargo, que debido a mi convicción profunda de que esa decisión era la mejor, y a pesar de las consecuencias derivadas e inesperadas de esta elección, logré remontarla y tener una vida más plena que si me hubiera quedado en mi trabajo con unos horarios imposibles de conciliar con los de mis hijos. Entre otras cosas aprendí que ante un trabajo adverso se abre un nuevo horizonte en donde encontrar otro mejor. No estuve sola, mi pareja y padre de nuestros hijos me apoyó en todo momento en este largo y contencioso trayecto, y, conté con la inestimable ayuda profesional de una excelente abogada laboralista, ahora amiga.
Si, en el año 2003, hubieran estado tan de moda los # y hubiera habido un equivalente al #metoo en cuanto a la discriminación de la mujer en el trabajo por el simple hecho de serlo y ejercer nuestros derechos, yo me habría sumado. Quizás #mamitambien habría sido el adecuado: «a mí como mujer y madre también me ha pasado» «o «yo además de profesional también soy madre». Nunca antes me había aventurado a contarlo, hoy, 8 de marzo, creo que es un buen momento, el día adecuado.
Cambié de ciudad, tan sólo llegar me ofrecieron trabajo en un hospital público de tercer nivel, me reincorporé, pero los horarios continuaban siendo irreconciliables con la vida familiar y la crianza de los niños. De 8 a.m. a 3 p.m., en teoría una jornada asequible, pero a la que se sumaba uno o dos días de peonada de tarde para reducir las listas de espera, la cual iba de 3 de la tarde a 10 de la noche resultando en la friolera final de 14 horas seguidas de trabajo…
No obstante las dificultades laborales, nos animamos a tener un tercer hijo, “de perdidos al río”, yo siempre le digo a las parejas que los críos hay que tenerlos cuando te apetece porque laboralmente nunca hay un momento óptimo, y… en premio a tanto desafío, durante la baja maternal, me ofrecieron un trabajo on line como Neurorradióloga. Aunque disfrutaba de una plaza indefinida en un buen hospital público y de un ambiente laboral mucho más sano y de mayor compañerismo, no me lo pensé dos veces, descarté la posibilidad de solicitar una nueva reducción de jornada porque ya la había probado sin éxito, y renuncié a mi plaza. Me aventuré a empezar un futuro laboral incierto, lo que volvió a causar el asombro en mi entorno profesional.
Tomar esta segunda decisión tampoco fue excesivamente difícil porque iba en la misma línea que la primera, para mí lo más importante, si no me quedaba más remedio que priorizar entre lo profesional y lo familiar, era, sin duda alguna, estar con mis hijos. Trabajar desde casa sin renunciar a mi especialidad, con los días de la semana y horario libres a escoger, me permitió estar todas las tardes con mis hijos, tener algo más de tiempo para mí, atender emergencias de catarros, fiebres y enfermedades varias sin estrés y sin tener que dejar de trabajar. Iba a buscar al que se había puesto enfermo al colegio, me lo llevaba a casa y ahí estábamos los dos, niño y yo, tan ricamente.
Hoy veo con esperanza la situación de mis colegas mujeres que parece que ha mejorado un poco. Tras de mí he visto con satisfacción como otras mujeres solicitan cada vez con mayor frecuencia reducciones de jornada y se las conceden de mejor grado, en buena parte también porque más mujeres médico empiezan a ocupar las jefaturas.
Y yo creo que ese es el punto importante de inflexión, para que las mujeres podamos conciliar necesitamos que haya más mujeres en política legislando, en las jefaturas y en la dirección de las empresas. Pero para ello, no deberíamos tener que renunciar a hacerlo en un horario compatible con la jornada escolar de nuestros hijos. No sirve de nada si nos hemos de “masculinizar” para conseguir y mantenernos en un cargo decisivo. Tenemos que poder llegar a ejercerlos como mujeres, dando ejemplo de horarios conciliadores, más flexibles, más en función de la productividad que de la cantidad de horas presenciales.
Y hemos de hacerlo junto a los hombres, complementándonos, no avasallándolos, respetándolos, en colaboración no en competición, con ellos, que son nuestras parejas y padres de nuestros hijos. No lo lograremos si no los sumamos, si no estamos en el mismo bando. ¿Cómo? cambiando la educación que les damos a nuestros hijos basada en una sociedad patriarcal, productiva y de consumo, por una matriarcal, colaborativa y más conciliadora… todo un reto educativo.
¿Cómo explicar que en España, un país de Europa, el continente en donde existe una mayor riqueza y logros sociales de todo el mundo, exista aún una disparidad de salarios entre hombres y mujeres, y que la tasa de natalidad sea tan baja? algo no estamos haciendo bien.
Actualmente me siento muy contenta porque tengo un trabajo en una empresa europea de telemedicina que me permite desarrollar mi especialidad. Lo único que realmente lamento es que habiendo estudiado y disfrutado de una envidiable educación universitaria casi gratuita y de gran calidad en nuestro país, estoy en realidad trabajando para el Reino Unido. No es que los pacientes del Reino Unido no se merezcan buenos especialistas, no es eso, es que me habría gustado devolverle a mi país la deuda social que siento que contraje con él informando a pacientes españoles como muestra de agradecimiento a la formación universitaria, MIR y master que he recibido, ni más ni tampoco menos.
Tengo una preciosa hija de 17 años y espero de todo corazón que ella lo pueda tener mejor que yo, que no gane menos por ser mujer y que no tenga que renunciar a su carrera profesional por el hecho de que algún día desee ser madre, que pueda compatibilizar las dos cosas, disfrutar de sus hijos si desea tenerlos, y poder seguir aportando a la sociedad todo lo que con tantos años de estudio habrá aprendido. No deberíamos tener que elegir entre una cosa o la otra, somos mujeres y profesionales, madres y especialistas, queremos ser y aportar, contribuimos y participamos, sumamos y amamos, es el único modo de podernos realizar personalmente y mejorar la sociedad a la que pertenecemos.
Y en total tengo tres maravillosos hijos a los que he podido dedicarme, educar y disfrutar sin renunciar a mi vida laboral, en un sano equilibrio entre lo personal y lo profesional. Con mi actual trabajo ya no tengo que luchar por la igualdad entre géneros, ahora por fin me puedo dedicar ya solo para lo que tanto estudié, a diagnosticar enfermedades neurológicas y a luchar contra los tumores cerebrales a los que de diversas formas les intento ganar la dura batalla que estamos librando…
Me quedo con la recompensa de que mis hijos aprecien en este gesto, en esta lucha personal y social, cuánto les quiero… y yo me siento personalmente orgullosa, creo que como mujer trabajadora he aportado mi parte.
Ahora le toca a la siguiente generación alcanzar progresos que se asientan sobre los nuestros. Y os sigo de cerca a vosotras mujeres y madres jóvenes, creedme si os digo que vivo vuestros anhelos y dificultades como propios, y os apoyo, no con la fuerza de la juventud pero sí con la determinación de mi edad, juntas en la brecha con la resolución de que, sino vosotras, vuestras hijas sí lo conseguirán.
Os paso el testigo…

4 Comments
Gracias ! Precioso de corazón.
Tenemos que defender la conciliacion familiar, con la eficiencia…calidad y no cantidad de horas. Y se puede… cada día en nuestro trabajo debemos hacerlo ver…y saber …recordarlo diariamente .
¡Muchas gracias Teresa!, me alegro de que te haya gustado.
Me consta que, desde tu puesto, tú lo demuestras cada día y que te las arreglas para ser además una madre fantástica, todo un desafío y ejemplo. Sumamos…
Realment estic super feliç de saber de tu. Veig que has fet allo per el que ens hauriem de preparar sempre. Seguir el que creiem millor per nosaltres i aquells que estimem. Un peto molt gran
Estimada Carmeta, del meu aprenentatge durant la Residència puc dir que guardo un gran record. Vaig conèixer gent entranyable i profesional que em van ajudar no només a saber informar bé una placa de tórax sino també a madurar i crèixer com a persona. No puc més que dir-te lo agraïda que n’estic i que intento fer allò que em vas ensenyar, intentar fer la meva feina el millor possible i transmetre als Residents la passió per la nostra especialitat. Moltes gràcies per tot i un petó ben fort des de el cor!