
Es curioso la de variantes que tiene la felicidad.
Por ejemplo está el complejo de Polícrates, que consiste en la enfermedad psíquica que provoca la infelicidad o el fracaso en una persona precisamente en el momento en que ha logrado o está a punto de lograr sus máximas aspiraciones. Se denomina también la felicidad infeliz porque se basa en el miedo a perder la felicidad anhelada justo en el momento en que creemos alcanzarla. Hay personas que fruto de su éxito, o, alcanzado su mayor deseo, se muestran sumidas en una apatía y melancolía profundas. Y esa sensación hace que algunas se boicoteen a sí mismas justo antes de saborear ese éxito merecido por el que tanto han luchado.
Y, luego existe otra variante de la felicidad que a mí me llama mucho la atención y queda muy bien recogida en esta cita del Barón de Montesquieu:
“Habría que convencer a las personas de la felicidad que ignoran, incluso cuando la poseen.”
Y es lo que denominaría como la felicidad ignorada. Y consistiría en darnos cuenta de todos los acontecimientos no deseables que no nos han pasado y sentirnos agradecidos por ello.
La gente ya sabe que para ser feliz va muy bien ser agradecido por todas las cosas buenas que tenemos o nos pasan, y así, se recomienda a las personas que desean ser más felices que antes de acostarse piensen en tres cosas buenas que les ha pasado durante el día y se sientan agradecidos por ellas con el fin de aumentar su satisfacción por la vida y por ende su sensación de felicidad.
En el caso de la felicidad ignorada, la tarea consistiría más bien en hacer un listado de todas las desgracias posibles que no nos han pasado durante ese día, dar gracias por ello y ser conscientes de la suerte que hemos tenido. La lista sería interminable: me siento agradecido porque no me han atropellado, no he perdido mi trabajo, no me he peleado con nadie, mis hijos no han suspendido, no me he lesionado corriendo, no me han diagnosticado nada malo, no se me ha caído un árbol encima… y así hasta el infinito. Sería muy laboriosa, pero precisamente, esa gran extensión es la que nos daría la medida de lo felices que deberíamos sentirnos porque ninguno de esos desafortunados acontecimientos ha ocurrido en nuestro día.
Ustedes me dirán que hacer esa lista es perder el tiempo… no lo crean, si fuéramos verdaderamente conscientes de todas las posibles desgracias de las que nos hemos librado en el día, estaríamos más que contentos, nos sentiríamos verdaderamente felices.
A diferencia del complejo de Polícrates que nos sentimos infelices justo cuando alcanzamos la felicidad anhelada, en la felicidad ignorada el tema consiste en darse cuenta de la felicidad que no disfrutamos y podríamos disfrutar si fuéramos conscientes de las posibles y variadas desgracias que nos podrían haber ocurrido y hemos evitado.
Tal es la paradoja, que sólo cuando nos ocurre una de esas desgracias, nos lamentamos pensando en lo felices que éramos antes de que ocurriera y, que sin embargo, no habíamos sido capaces de darnos cuenta.
Entre la compleja felicidad infeliz de Polícrates o la felicidad ignorada estaremos de acuerdo en que es más adecuado y positivo optar por la segunda. Aunque a ustedes les parezca algo cenizo o siniestro el planteamiento de la felicidad ignorada, si lo piensan bien, se darán cuenta de que es muy optimista, valorar de todo lo que nos hemos librado es, a mi modo de ver, una buena manera de terminar agradecidos el día.
Yo les invito a que lo prueben y me cuenten.
“Muchos buscan la felicidad como otros buscan su gorra, la llevan puesta y no se dan cuenta.” Nikolaus Lenau
