
¡Feliz Año Nuevo 2018!
Empieza un Año Nuevo, una hoja en blanco, un lugar lleno de esperanza y a la par de incertidumbre.
Nos asomamos a él con curiosidad y respeto a partes iguales. Si nos preguntaran probablemente ninguno querríamos saber qué nos depara, tal es el miedo que nos produce el salto al vacío de los 365 días que tenemos ante nosotros.
Aún así, restamos ilusionados, tenemos esa confianza innata de que lo que está por venir será no sólo bueno, creemos incluso que puede llegar a ser mejor.
Es en esta línea de salida que supone el 1 de enero cuando nuestra alma se prepara para afrontar este reto de intentar mejorar un poco nuestra vida, cuando, por un momento, para y descansa de todos los compromisos que la rutina diaria nos exige, se toma un respiro y clama por habitar en una persona mejor, la que estamos llamados a llegar a ser, por vivir una vida más feliz a la que creímos que teníamos la posibilidad.
Si en el 2017 dejamos a algún ser querido, empezamos la cuesta de enero de 2018 con el vértigo de viajar más solos.
Si algunos estamos enfermos o tenemos a un ser querido enfermo, encarar un nuevo año supone un desafío, un reto.
Los que guardamos algún agravio haremos bien en borrarlo, en abandonarlo en diciembre, la vida es un viaje demasiado importante como para llevar sobrepeso.
Los que el año anterior nos fallamos tenemos una oportunidad de volver a intentarlo este año.
Si tenemos la suerte de que ninguna de las circunstancias anteriores se da en nuestro caso entonces es el momento de caer en la cuenta de que deberíamos empezar el año muy agradecidos.
Un único propósito ha de ser nuestro objetivo de este año: ser felices y compartir esta felicidad con los demás, con los que amamos e incluso con los desconocidos con la finalidad de contribuir a un mundo mejor, más humano, más alegre, con más amor.
Una manera de lograrlo es intentar conocer nuestros talentos y ofrecérselos a los demás, ayudar a los demás. Hacerles la vida más feliz redunda en nuestra propia felicidad.
Así, nuestro propósito de mejora, nuestra misión debería ir enfocada a hacer lo que mejor podemos hacer: ser nosotros mismos, tal cual somos, y convivir con los demás aportando esa diferencia única que nos hace irrepetibles.
Sólo nosotros podemos ser nosotros y actuar como nosotros, nadie más.
Si pensamos que para algo venimos al mundo es probablemente para esto, para desarrollar nuestra personalidad para y con los demás, de tal manera que su vida tenga un antes y un después de nuestro encuentro, que la aportación que realizamos sea la que marque la diferencia, para bien.
No estamos aquí para nada, estamos para Ser, esa es nuestra misión.
“Si yo fuera Dios y tuviese el secreto, haría un ser exacto a ti”. Ángel González
