
La vida no es justa. ¿Por qué tan sólo uno de los políticos ha hecho una buena elección?
Séptimo de los artículos sobre el conflicto Catalunya-España desde el punto de vista de la Felicidad. O cómo ser feliz a pesar de las circunstancias políticas en las que vivimos.
Estoy convencida de que las diversas estrategias que nos ayudan a ser más felices se pueden aplicar a los diferentes avatares de la vida para poder mantener la felicidad en medio de tanta inquietud. A continuación, explicaré mi visión de este tema a través de ocho de ellas.
8 estrategias que comentaré en 8 artículos distintos:
- La realidad y su falta de aceptación
- No controlamos nada
- Pensamiento binario: o conmigo o contra mí
- Mejor estar bien que querer tener razón
- Desear o no desear una nación, esa es la cuestión
- El placer de una nación propia o la evitación del sufrimiento de un conflicto: tú eliges
- La vida no es justa. ¿Por qué tan sólo uno de los políticos ha hecho una buena elección?
- Porqué un 40% es un tema político y un 60% es un problema de mala comunicación
7. La vida no es justa. ¿Por qué tan sólo uno de los políticos ha hecho una buena elección?
«Tú no tienes el poder de hacer que tu vida sea justa, pero tienes el poder de hacerla gozosa”. John Lookwood Huie
La vida no es justa. La vida es.
La aceptación de este hecho no implica que no hagamos todo lo necesario, en la medida que nos sea posible, para intentar corregir las injusticias que existen.
La justicia está para dirimir entre dos desigualdades o desiguales. Interviene, cuando no queda otro remedio, para arbitrar entre situaciones conflictivas, para hacer respetar los derechos.
Cada país tiene un derecho propio. Lo que es universal son los derechos humanos y cuestiones de ética mínima que también son exigibles a todos los individuos de una sociedad.
Como hay diferentes tendencias políticas, puede que algunos aspiren a implementar cuestiones de ética máxima acordes a su ideología, cosa lícita siempre que se tenga claro que éstas no pueden ser impuestas, sino que deberán de ser pactadas, votadas y puestas en práctica tan sólo si son refrendadas por una mayoría.
Una vez entendido esto, ¿qué hacer cuando la justicia nos juzga por haber tendido a cuestiones de ética máxima sin el consenso necesario y saltándonos la legalidad existente? Aquí caben dos posibilidades: o bien mantener en fondo y forma nuestros principios y asumir las consecuencias legales; o bien renunciar en la forma, aunque quizás no en el fondo, a estos principios y acatar la legalidad vigente con el fin de evitar perder nuestra libertad.
En nuestra vida vamos a tener que tomar decisiones importantes que determinarán nuestra felicidad futura. Al “yo y mis circunstancias” de Ortega y Gasset le añadiría la coletilla de “y mis elecciones”. Por eso es importante aprender a discernir para saber realizar una buena elección, para ello:
- hemos de tener en cuenta nuestra escala de valores y prioridades
- hemos de tener libertad interior y no sentirnos obligados por la gente
- aunque sí que debemos tener en cuenta a los seres que amamos, sobretodo a aquellos cuya felicidad depende de nosotros como es la de nuestros hijos
- tomar la decisión con serenidad, no precipitarnos
- valorar las consecuencias a corto y a largo plazo
- tener en cuenta que a veces ninguna de las dos opciones es la correcta, sino que son distintas
- que una vez realizada tendremos que asumirla plenamente
Hemos de haber cultivado suficiente autonomía emocional para no dejarnos arrastrar por el fervor social del momento y poder discernir adecuadamente.
Debemos tener ideales y defenderlos aunque no hasta al punto de sentirnos “obligados” a tomar una decisión que pueda comprometer nuestra libertad y felicidad, máxime si con ella no estamos salvando la vida de nadie.
Cumplir con nuestra parte hasta llegar a la frontera marcada por la línea que no debemos traspasar en aras de no comprometer nuestra felicidad y la de las personas a las que amamos. Frenar a tiempo, parar y bajarnos en la estación anterior a que el tren descarrile. Con o sin los demás, cada uno es responsable sólo de su vida.
Hemos de saber distinguir entre nuestras batallas, las de los demás y las del mundo. Mis batallas son responsabilidad mía. Las batallas del mundo son de todos, y cada uno debemos contribuir y actuar sin que ello nos cueste un sacrificio personal desproporcionado, sin menoscabo de nuestra felicidad. No seremos unos héroes pero seguiremos siendo personas libres y probablemente más felices.
Ninguna otra persona que no se encuentre en nuestra situación debería juzgarnos ni emitir una opinión sobre la decisión que hayamos tomado… y ni aún así.
No deberíamos arriesgar nuestra felicidad por cosas que no dependen exclusivamente de nosotros.
Mientras la felicidad de nuestros hijos esté ligada a nosotros, nuestra responsabilidad es primero con ellos. Quizás pensemos que si hacemos lo que se espera sea lo más correcto, seremos un ejemplo para ellos y estarán orgullosos de nosotros, quizás… pero su realidad es que van a ser mucho más infelices porque nosotros no estaremos a su lado para educarlos y darles nuestro amor incondicional. Nadie más puede hacerlo, somos insustituíbles.
A mi modo de entender, la entrada en prisión era la frontera a no cruzar por ninguno. Si lo que tenemos en cuenta es que nuestro fin último en la vida es la felicidad, creo que la decisión más inteligente, la elección más adecuada, fue la del único político que el día anterior dimitió.
#TodoalNegro entrada 7 de 8
#TodoalNegro entrada 7 de 8
