
La realidad y su falta de aceptación.
El conflicto Catalunya-España desde el punto de vista de la Felicidad. O cómo ser feliz a pesar de las circunstancias políticas en las que vivimos.
Porque estoy convencida que las estrategias que nos ayudan a ser más felices se pueden aplicar a los diferentes avatares que la vida nos va presentando, hoy voy a iniciar el primero de ocho artículos que tratarán de dar una visión diferente de este tema, sin entrar en la cuestión política que lo originó, utilizando las distintas herramientas que podemos emplear para ser más felices, con la finalidad de que logremos mantener la felicidad en medio de tanta desazón.
8 estrategias que comentaré en 8 artículos distintos:
- La realidad y su falta de aceptación
- No controlamos nada
- Pensamiento binario: o conmigo o contra mi
- Mejor estar bien que querer tener razón
- Desear o no desear una nación, esa es la cuestión
- El placer de una nación propia o la evitación del sufrimiento de un conflicto: tú eliges
- La vida no es justa. ¿Por qué tan sólo uno de los políticos ha hecho una buena elección?
- Porqué un 40% es un tema político y un 60% es un problema de mala comunicación
Creo que es importante analizarlos bien y ponerlos en contexto porque de una correcta interpretación de la realidad va a derivarse cómo encaramos y vivimos este conflicto y de ello va a depender nuestra Felicidad.
Empiezo hoy por el primero:
- La realidad y su falta de aceptación
“Intentaré crear una comunidad de hombres y mujeres que ignoren los límites geográficos. Sólo tendré a un país y ese país incluirá a toda la raza humana”. R. Tagore
Si me preguntaran qué es lo que más me sorprende de la actualidad de estos días diría, sin ninguna duda, la aparente falta de aceptación de la realidad.
Estoy de acuerdo con el dualismo de Platón cuando nos explica que existe un mundo inteligible, el de las ideas y, un mundo sensible, físico, el captado por los sentidos. Y discrepo de él en que la auténtica realidad se sitúe en el mundo de las ideas.
Para mí conceptos como patria, bandera y frontera, no existen en la realidad, son meras ideas creadas por la humanidad. Tienen consecuencias prácticas y reales, no lo negaré, pero no existen realmente. Si sobrevolamos los Pirineos no veremos una raya roja trazada a lo largo de la cordillera que nos marque una división real de nuestro país vecino.
Por tanto, si realmente no existen fronteras a qué tanto lío. Si las fronteras son cicatrices de la historia porque su establecimiento surge, la mayoría de las veces, como consecuencia de un conflicto y/o una guerra, ¿nos habrá valido la pena establecer una nueva?
Otro punto a valorar es que una cosa ha sido la idea de un país independiente como una Ítaca, y la otra, la realidad de la pérdida de la buena convivencia entre familiares y amigos que piensan de manera distinta, y la crispación que se vive actualmente en la calle entre ciudadanos de distinta ideología. Son los mismos que hace 10 años, pero las ideas les han llevado a la polarización y al enfrentamiento.
Y, finalmente, la pérdida real del estatus económico que hará que esta idea pierda adeptos y que quienes vayan a sufrir sus consecuencias sean personas que realmente no vivan ni quieran este problema sino, como en la mayoría de conflictos políticos, los más pobres y desfavorecidos laboralmente. Ideas intelectuales que, sin desearlo, conllevan el empobrecimiento real de quienes no pueden permitirse el lujo de querer un país mejor.
La realidad es muy tozuda y deberíamos dejar de interpretarla, de ponerle filtros y empezar a asumir que las cosas no siempre van como uno deseaba y que una rápida aceptación de lo que realmente sucede podría ayudar a establecer medidas reparadoras y limitar los daños.
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