
A menudo, en las encuestas sobre felicidad se le pregunta a la gente si “es” feliz. La respuesta, en la mayoría de los casos, por suerte, suele ser afirmativa. Pero una vez dada uno se va con la sensación de que quizás no es tan feliz como afirmó unos metros más atrás.
Con la felicidad pasa como con las cosas que nos suelen gustar más en esta vida, que se nos acaban, se nos escapa… y esa sensación de temporalidad es la que le da, y le quita, a la felicidad ese poder de fascinación que ejerce sobre nosotros. Se podría decir que a ratos la tenemos o sentimos pero que no la poseemos o no somos dueños de ella como si nos perteneciera. No es nuestra. De hecho no es de nadie. Aunque yo más bien diría que es hipotéticamente alcanzable para todos.
Que uno sea muy feliz no le resta felicidad al otro, o no debería si este otro supiera disfrutar y no envidiar la felicidad ajena.
Con la felicidad ocurre como algunos otros conceptos de nuestra educación, que tenemos una serie de ideas preconcebidas que nos hacen malinterpretar la realidad, por ejemplo:
- que no se es feliz si no que se está o te sientes más o menos rato feliz
- que la felicidad no es continua sino oscilante en el tiempo y en su forma. No adquirimos ser felices sino que disfrutamos de la felicidad mientras se tiene la sensación, que alcanza un punto álgido y luego se difumina y volvemos a nuestro estado de ánimo basal
- que la felicidad no es un valor absoluto sino relativo que va a depender de nuestra personalidad, nuestras circunstancias pasadas y actuales, y del nivel de felicidad que hayamos alcanzado en otras ocasiones a lo largo de nuestra vida. Y como las circunstancias cambian y nosotros cambiamos nuestra felicidad cambia
- La felicidad no se alcanza, no se adquiere, se experimenta
- Existe una felicidad ignorada como por ejemplo la que consiste en una desgracia evitada. No caemos en la cuenta, no somos conscientes, de lo felices que deberíamos sentirnos por el hecho de que no nos ha pasado algún suceso desafortunado. Sin embargo, estaría bien al acabar el día sentirse agradecido por lo no sucedido
- La felicidad varía según la edad, no es lo mismo el “Carpe diem” de la juventud que la serenidad de la madurez; varía según nuestra cultura y situación geográfica: no se experimenta igual la felicidad en Oriente que en Occidente…
Vemos que a la felicidad la configuran muchos factores que hacen que sea un concepto dinámico, y esto es una buena noticia porque quiere decir que si conocemos qué factores la modelan estaremos más preparados para escoger qué tipo de felicidad queremos según nuestra manera de ser.
Pero ojo, aunque la felicidad es un concepto dinámico el querer siempre modificarla o aumentarla puede llegar a constituir en sí un motivo de infelicidad. Hay que situarse como dijo Aristóteles en el “término medio”, el de la virtud, sabiendo que este punto intermedio no es el mismo para todos porque la felicidad no es universal, sino unipersonal.
